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El primero es el más difícil de todos. Tengo que sentarme en la cama, girar mi cuerpo para dejar que las piernas caigan por el costado y recién cuando las siento firmes, deslizarme por el borde del colchón hasta permitir que los pies toquen el piso. Mis rodillas están débiles, es la primera vez en  meses que me pongo de pie y siento como si durante toda mi vida, hubiera permanecido acostado en esta cama.

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De un lado, mi mejor amigo; que prácticamente no se despegó de mi durante estos meses. Apoyarme en él, en su cuerpo firme y seguro me hace sentir tranquilo. Del otro, mi madre. Ella sí que se quedó conmigo desde que me internaron de urgencia. Sus piernas tiemblan casi tanto como las mías, seguramente sea por los nervios.

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Demoramos casi diez minutos en dar unos pocos pasos y casi no avanzamos nada. Camino arrastrando los pies, no los levanto. Siento que el cuerpo se va a partir en dos y que mi torso caerá al piso mientras mis piernas seguirán avanzando. La cicatriz es enorme y siento los puntos tirando de mi piel. Aunque estoy muy delgado, mi cuerpo es demasiado pesado para que estos hilos puedan sostenerlo.

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De a poco, llegamos a la puerta de la habitación. La abrimos y comienzo a arrastrar los pies para salir de ella.

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Finalmente, después de tanto tiempo, uno de mis pies está del lado de afuera. Pareció una eternidad y por momentos, creí que jamás podría llegar a salir de ella por mis propios medios. Es cierto que me ayudan desde los costados pero, en la forma que sea, estoy usando mis pies para avanzar.

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No es la primera vez que salgo. Entre y salí de este lugar alrededor de diez veces. Siempre en camilla y solo para ir, una y otra vez, al quirófano. Se cansaron de operarme. Por esto, por aquello, siempre encontraban alguna buena razón para volver a abrirme, manosearme los órganos y cerrarme nuevamente.

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Voy agarrando ritmo. Daniel me anima a caminar más rápido, mi vieja me pide que vaya más lento. Dice que no hay apuro. ¡Qué ilusos! No puedo aumentar ni reducir el ritmo de mi caminata. Lo que hago es todo lo que puedo. Si me apuro, seguro que me voy de boca al piso. Si voy más lento, de culo.

79, 78, 77, 76, 75, 74

Ahora, con Daniel, hablamos de lo que vamos a hacer cuando logre salir de este lugar. Este es el primer paso. Al parecer, ya se terminaron las operaciones y dentro de poco tiempo, aunque no puedo saber cuánto, estaré de vuelta en casa y después de todo lo que me pasó, me gustaría hacer algo significativo con mi vida. Pero todavía no se me ocurre que puede ser.

73, 72, 71, 70, 69, 68

El pasillo es largo y es allá atrás a donde esta mi objetivo. De a un paso a la vez, de a un objetivo a la vez. El pie derecho ya se levanta del piso, el izquierdo aún se arrastra.

67, 66, 65, 64, 63, 62

La puntada a la izquierda de mi abdomen es intensa. Ahí comienza la enorme cicatriz que me divide en dos. Por ahí entro la bala que luego se abrió camino dentro de mi cuerpo hasta encontrar un lugar por donde salir. Y es ese mismo lugar, como para que lo recuerde a cada paso, el que más dolor me provoca al caminar.

61, 60, 59, 58, 57, 56

En realidad, la bala primero atravesó mi mano izquierda. Dicen que no sufrió grandes daños, pero vamos a ver cuando vuelva a agarrar un joystick. Parte del bazo desapareció para siempre, un pedazo de hígado también. Sin embargo, cirugía tras cirugía, acá estoy de pie. Una especie de Frankestein intentando recordar cuál es la técnica correcta para caminar.

55, 54, 53, 52, 51, 50

Dejamos gran parte del pasillo atrás. Casi la mitad. Estoy cansado y quisiera parar. Mamá me dice que me siente, que nadie me apura, pero eso no es verdad. Dani me dice que siga, que ni se me ocurra aflojar ahora. Se nota que al hijo de puta nunca le metieron un balazo, pero tiene razón. Tengo que seguir, porque si paro ahora, sería lo mismo que no haberme levantado de la cama. Sigo.

49, 48, 47, 46, 45, 44

De a un objetivo a la vez. El primero es llegar al final de este pasillo. El próximo, será salir caminando por la puerta del hospital sin que nadie me ayude. No veo la hora de volver a esa plaza en la que estábamos con los muchachos cuando ese loco se puso a disparar al aire. Era un policía, tiene siete hijos. Me aconsejan que le haga juicio, pero no puedo. No quiero cagarle la vida como él casi me la caga a mí.

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Llevo el cuerpo inclinado hacia adelante. Mi cintura está muy débil y ya no soporta el peso de mi torso. Me aferro a los brazos de mi vieja y de Damián, ambos me alientan a seguir adelante. Sí, mi vieja también.

37, 36, 35, 34, 33, 32, 31, 30

Me cuesta, pero me siento como si estuviera corriendo. Creo que estoy avanzando un poco más rápido que antes y, si pudiera hacerlo, saltaría hasta mi objetivo. Ya siento, ya percibo que el ambiente aquí es más cálido.

29, 28, 27, 26, 25, 24, 23, 22, 21, 20

El momento en que recibí el disparo, fue la última vez que estuve de pie hasta hoy. Hoy me paré por primera vez luego de varias cirugías y aquí estoy; casi alcanzando mi primer objetivo y aunque me caiga de jeta al piso, voy a llegar.

19, 18, 17, 16, 15, 14, 13, 12, 11, 10

Ahora que estoy acá, lo veo y no lo creo. Hace casi una hora que empecé mi caminata y me encuentro con que la puta ventana está cerrada. No puedo creer que haya hecho semejante esfuerzo para nada.

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No es la primera vez que me salva. Aparece mi doctor, el mismo que me recibió inconsciente y sangrando en la guardia del hospital. Venía caminando atrás nuestro, supervisando mi paseo. Sabe que es lo que quiero y sin que se lo pida, abre la ventana de par en par. Llegué.

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Mi vieja llora. Dani me palmea en la espalda. El doc, sonríe orgulloso. Yo cierro mis ojos y respiro profundo. Siento el sol rozando mi cara y, por primera vez, siento que estoy vivo. No es un sueño, realmente me salvé. Sobreviví a una bala y me gané el derecho de volver a empezar. El sol me ayuda. Él fue mi primer objetivo y está cumplido. Lo extrañé. Todo este tiempo solo pude verlo a través de la ventana de mi habitación, pero ahora que puedo sentirlo nuevamente en mi piel, siento que la vida tiene sentido y que estoy listo para dejar este puto hospital. Pero primero, no sé cómo, tengo que volver a mi habitación.

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