360 (Todo para ver)

garra

La caravana había salido desde Mar del Plata a bordo de una camionetita Volkswagen como la que los hippies usaban en los sesenta. Al volante iba mi tío Lito junto a su hijo, mi primo y ahijado Ian. El destino era la capital de la Provincia de Buenos Aires pero primero tenían que hacer una escala en capital, en Flores, para pasar a buscarme y así, los tres juntos, llegar hasta el Estadio Único de La Plata para disfrutar del nuevo show de nuestra banda favorita.

Sin título

Salimos de casa después de cenar. 24 horas antes de la hora en que debía comenzar el concierto, con la intención de pasar toda la noche haciendo la fila para estar entre los primeros en acceder al estadio una vez que se abrieran las puertas y de esa manera, lograr ver el show desde el “corralito”. Una especie de perímetro que permite, a un número limitado de espectadores, presenciar el show desde un sitio privilegiado y con mayor comodidad. Algo así como un VIP pero sin comida ni pagar de más. Para entrar al corralito, basta con llegar temprano y correr hasta él, antes de que alguien de seguridad de la orden de cerrar la puerta. Desde ese lugar disfrutamos los conciertos anteriores que la banda dio en River Plate: En el 98, con el Pop Mart Tour, nos dimos el gusto de ver esa enorme pantalla y el limón que luego se convertiría en una bola de espejos desde muy cerca. En 2006, también llegamos al corralito y pudimos gritar “¡No more!” a unos pocos metros de donde Bono estaba. En ambas ocasiones, mi primo era demasiado pequeño como para soportar de pie el show completo, de modo que este sería su primer concierto y teníamos que verlo desde adentro.

Llegamos en dos horas y nos ubicamos en el último lugar de la fila. Mi tío y mi primo, cansados de tanto viajar, descansaron en la camioneta mientras a mí me tocó realizar la guardia nocturna en compañía de otros fanáticos que cuidaban sus lugares. Unos mates con galletitas y bastante conversación, sirvieron para sobrellevar algunas de las horas que teníamos por delante, pero la noche estaba en pañales. La temperatura descendía de manera bestial y un rocío intenso caía sobre nosotros. Con el pasto empapado, me refugié en una pequeña carpa que El Sapo (uno de los muchachos con los que conversábamos) había preparado. La carpa nos protegía medio cuerpo a cada uno y debido a la diminuta llovizna y a la baja temperatura, yo no podía dejar de temblar. Dos veces tuve que despertar a mi tío para que me relevara mientras yo hacía pis contra una pared y varias veces maldije la idea de pasar la noche en la calle solo para ver ese maldito recital. Pero luego de varias horas de hipotermia, como siempre pasa, la noche llegó a su fin y comenzaron a asomar los primeros rayos de sol.

Antes de eso, en la calle, el tráfico se había intensificado y tanto los autos como camiones que pasaban a nuestro lado, tocaban bocina para despertar a los pocos que habían logrado conciliar el sueño. Algunos, gritando, pedían que vayamos a laburar. Policías y seguridad privada recorrían la zona, acomodando las vallas que hasta ese momento permanecían apiladas a un costado y ahora se utilizaban para marcar un perímetro que protegiera a quienes habíamos llegado primero. Sin embargo, algunos grupitos merodeaban por los alrededores a la espera de la posibilidad de adelantarse unos lugares en la fila.

Para protegernos de los que pretendían quedarse con nuestro lugar sin haber pasado por la prueba de sobrevivir durante el frío nocturno, alguien tuvo la idea de numerarnos por orden de llegada, con la esperanza de que desde la organización, respetaran los números marcados en nuestros brazos. Curiosamente, eso fue lo que pasó: yo mismo pude ver como personal de seguridad retrasaba el acceso de jóvenes que no estaban numerados. Después del mediodía cuando hicieron avanzar la fila hasta un sector bastante más custodiado, nos indicaron que quienes ahí estábamos, éramos los que veríamos el show desde el corralito. Lo habíamos logrado.

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Hacía rato que el sol se había posado sobre nuestras cabezas. Primero, tímidamente. Luego, con violencia, como pretendiendo compensarnos por el frío padecido durante su ausencia. Así como no me había preparado para el frío, tampoco lo había hecho para el calor. La idea era sentirme lo más cómodo posible, de modo que un jean, una remera y una camperita deberían ser suficientes para afrontar la jornada, pero no alcanzaron durante la noche y fueron demasiado para el día. Los rayos del sol golpeaban directamente nuestra piel y los temblores por el frío nocturno se habían transformado en un sofocón insoportable, hasta que las puertas del estadio finalmente se abrieron.

Corrimos hacia el escenario buscando desesperadamente la entrada al corralito. Corrimos de la mano como maricones, para cumplir o fracasar en nuestro objetivo, pero juntos. Entramos y festejamos haberlo logrado, pero al contrario de las otras dos ocasiones, ni siquiera dentro del corralito encontramos lugar para sentarnos y nos vimos obligados a esperar de pie las cinco horas que faltaban para el inicio del show.

Primero, fue el turno de Muse, que arrancó directamente con Uprising, el tema más conocido (al menos para mí). Tenía bajas expectativas para su show y reconozco que lograron sorprenderme. Lo mismo había pasado cuando, durante la gira anterior, vimos a Franz Ferdinand y a unos muy jóvenes Babasónicos en la primer visita.

Finalmente llegó la hora esperada. Mi cuerpo no daba más y las piernas estaban demasiado cansadas, pero el show recién estaba por comenzar. Antes del inicio, siempre hay un tema que le indica al público la inminente salida de la banda: en el 98, fue Bitter Sweet Symphony de The Verbe; en 2006, Wake Up de Arcade Fire y esta vez, ni bien las luces se apagaron, Space Oddity de David Bowie comenzó a sonar a todo volumen, mientras Larry, Adam, Bono y The Edge, entraban caminando a un estadio que explotaba al verlos subir al escenario. Caminaban tranquilos, observando a los miles de fanáticos que los recibían con gritos y aplausos. Caminaban como si fueran esos cuatro jóvenes amigos que se juntan a tocar para ensayar sus primeras canciones. Apenas algo de humo en el ambiente y una pantalla nunca antes vista, completamente apagada. Paulatinamente, nos irían mostrando para que habían traido semejante monstruo de leds.

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Bono cantó como nunca (o como siempre) y con el nuevo escenario circular, tuvimos a los cuatro músicos más cerca que de costumbre. Realmente cerca. El show fue tan perfecto que me costó notar que no habían tocado Pride. Fuera de eso, no faltó nada. Como siempre, Where The streets Have No Name (justamente en La Plata, en donde las calles no tienen nombre sino número) fue el momento más alto de la noche, junto con el “uno, dos, tres, catorce” del público en Vértigo y las cegadoras luces de la pantalla en City of Blindings Lights. Hubo una referencia a Cerati hecha por Bono, pidiendo que le enviáramos nuestro amor para su pronta recuperación; Presentó a los músicos como futbolistas de la selección argentina, comparándolos con el Pipita, el Pupi Zanetti y a sí mismo con El Apache y el show termino con With or Without You y Moment of Surrender, cantada por el público mientras la banda se despedía.

El sueño había llegado a su fin y era hora de la desconcentración. A la salida y entre la multitud, inexplicablemente, me encontré con mi cuñado, con quien no pudimos hacer otra cosa más que abrazarnos sin decir nada. Volví con él a casa, mientras mi tío Lito y mi primo emprendían el regreso hacia la costa, previa escala en Solano para descansar en casa de unos familiares. El cuerpo me pasó factura durante el regreso. Me dormí y me desperté varias veces sobresaltado mientras mi cuñado intentaba mantenerse despierto en el feroz embotellamiento de la autopista Buenos Aires – La Plata, que no estaba preparada para contener semejante caudal de vehículos.

Finalmente llegué a casa y logré dormir algunas horas antes de levantarme para ir a trabajar. La próxima vez que Bono y los muchachos nos visiten, espero que sea, como en las otras ocasiones, en River Plate, que queda mucho más cerca de casa y en donde el corralito es bastante más grande y cómodo. Aunque también espero estar listo, mental y económicamente, para pagar una entrada preferencial y ver el recital desde el VIP, quizás comiendo caviar mientras Bono la vuelve a romper toda con su dulce voz.

Todos

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Comentario

Readers Comments (1)

  1. Laurabuela 30/07/2014 @ 20:47

    Muy bueno!!!! Me senti como su hubiera estado ahi

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