Al Día Siguiente…

Como todos los días, al salir de su casa, Nicolas se detiene a encender un cigarrillo mientras observa el cielo. La oscuridad no logra engañarlo ya que siente en su cuerpo las secuelas del madrugon. Aún falta un rato para el amanecer.

Comienza a caminar sin mirar hacia atrás. Dentro de la casa queda su mujer intentando despertar a sus hijos para llevarlos al colegio. Luego de dejarlos allí, ella también se irá a a su trabajo.

Camina diez cuadras hasta la estación porque si espera el colectivo seguramente demorara lo mismo y de paso, caminando, se ahorra algunos mangos. Llega a la estación y no se sorprende de ver el mismo paisaje de todos los días: un andén desbordado de pasajeros esperando la llegada del tren que los lleve hasta la capital.

Observa los rostros de los pasajeros y nota que muchos le resultan familiares. Es gente que conoce de viajar todos los días pero con la que jamás habló ni hablará. Intuye que ellos también lo conocen a él, pero nadie saluda a nadie.

Percibe un movimiento en el andén y se prepara para subir al tren que lentamente ingresa en la estación. Los pasajeros se amontonan intentando acertar el lugar en donde se abrirá la puerta y luchar mutuamente para hacerse un lugar en el vagón.

Nicolás observa la chapa con el número del tren y vuelve a mirar al cielo. Siente el impulso de persignarse aunque hace años que dejó de creer en Dios. Tiene la convicción de que a muchos pasajeros les sucede lo mismo.

Utilizando sus codos logra ganar un lugar y se esfuerza para sacar el celular del bolsillo. Inicia sesión en Twitter y twittea el número de chapa del tren al que acaba de subir. No le importa tener menos de cincuenta seguidores, lo hace para que quede registrado en donde esta viajando.

Algunas puertas se cierran, el tren arranca y poco a poco toma velocidad. Pide en silencio que no fallen los frenos, que todas las barreras funcionen, que ningún vehículo cansado de esperar intente sortearlas, que el maquinista no tenga epilepsia, que las señales obsoletas del sistema ferroviario no se equivoquen y que el tren que va detrás de ellos también este en condiciones. No desea llegar temprano al trabajo, se conforma tan solo con llegar.

Finalmente, como tampoco cree en la clase política, se encomienda a Dios.

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Comentario

Readers Comments (1)

  1. Por Dios, y lamentablemente esa gente el lunes debe estar viajando otra vez…

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