Algo Diferente

Llegué como siempre sobre la hora y me sorprendí de encontrarla en la puerta del edificio.

-¿Qué haces acá?- le pregunté al saludarla.

En lugar de responder se limitó a mostrarme el cigarrillo que tenía en la mano derecha y a largar el humo.

-¿Ya es la hora?- me preguntó y cuando le dije que si, tiró el cigarrillo y entramos.

Entramos al ascensor y mientras subíamos, Mariana se miraba en el espejo y se acomodaba el cabello. Delicadamente con la yema del dedo meñique izquierdo se corregía algún imperceptible defecto de maquillaje. Yo la miré disimuladamente para no incomodarla, intentando adivinar que tenía de diferente al día anterior. El peinado era el mismo, la ropa parecida -o la misma, no sé-… ¿Será el maquillaje? Me pregunté. La verdad es que no sabía porque, pero algo hacía que no pareciera tan fea como ayer.

-Despacio que me vas a ojear- dijo mirándome por el espejo.

“Disimuladamente las pelotas” pensé.

La única que había llegado y ya estaba jugando al Candy Crush en la compu era Moni, que cuando la salude me hizo un gesto con las cejas a modo de cargada por haber llegado junto con Mariana. Seguramente después me van a joder con que dormimos juntos o algo así los pelotudos.

-¿Y a esta qué le pasa?- me preguntó Mariana mientras nos preparábamos un café en la cocina, en una clara alusión a alguna actitud de Moni.

Yo no tenía idea de porque me lo preguntaba. Según ella, la había visto hacer una cara rara al vernos bajar del ascensor. “Posiblemente de disgusto”, dijo. “Cualquiera”, le respondí yo.

Mientras el monitor se encendía, ya bebiendo el café de a sorbos que parecían querer escaparse por la comisura de los labios, me preguntó si me la estaba cogiendo. Cuando le dije que no, pareció no quedarse conforme con mi respuesta y me preguntó si me la había cogido. Nuevamente respondí que no.

-Entonces te quiere coger-. Aseguró. -O también puede ser que este enamorada de vos, pero eso no quita que te quiera coger.

Yo me reí. A pesar de sentirme halagado de imaginar que una mina como Moni quisiera estar conmigo, sé que no es así. Ese tipo de minas jamás me darían bola a mí y mucho menos alguien como Moni a la que yo conozco tan bien. Mariana me da la razón pero asegura que con esas cosas ella jamás se equivoca.

Durante el almuerzo me entero que estos hijos de puta ya le consiguieron un apodo a Mariana: “El feto”. Hay que ser hijo de puta. Me río de compromiso pero no me hace mucha gracia. Quizás sea porque me tocó capacitarla o porque no me cae tan mal, pero siento que le están faltando el respeto. Igualmente no digo nada porque seguramente yo, le hubiera buscado un apodo parecido

En fin, continuamos con la capacitación y Mariana aprende todo bastante rápido. Al menos mucho más rápido que la última persona que me toco capacitar, que cuando terminó de aprender todo, renunció y se fue a trabajar a otro lugar.

La verdad es que trabajar con esta mina es mucho más divertido de lo que yo pensaba y me doy cuenta que cuando están con ella, los demás chicos también la pasan bien y se cagan de risa. Pero cuando Mariana no está cerca, los hijos de puta le dicen de todo.

Salimos y nos vamos caminando los tres, (Moni, Mariana y yo) hasta la parada del colectivo. Ahí me quedo yo y las veo seguir caminando. Tan distintas las dos… ¿Será cierto que Moni me tiene ganas?

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