Arthur Clarke tiene razón

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Es evidente que la raza humana, al igual que los dinosaurios y el aguará guazú, esta condenada a la extinción y que no existe posibilidad alguna de que la población mundial tome consciencia de este problema y así, logre torcer, de una vez por todas, el rumbo hacia donde se dirige: Contaminación y uso indiscriminado del agua potable, calentamiento global, derretimiento de los polos, tala indiscriminada de arboles y construcción de grandes metrópolis generadoras de contaminación, son algunas de las tendencias autodestructivas que, a pesar de los constantes esfuerzos de los ambientalistas, no parecen tener posibilidad de detenerse.

La literatura, el cine y el arte en general, han estado aventurando ideas sobre como podrían llegar a ser los años en que la vida en el planeta Tierra llegué a su fin y escritores como Julio Verne, han demostrado, en reiteradas oportunidades, que la ciencia ficción acierta en muchas de las teorías que plantea. Es el caso de Arthur C. Clarke, un escritor y científico británico, cuya obra está compuesta de libros de divulgación científica y cuentos de ciencia ficción los cuales, debido a su conocimiento, contienen una gran precisión técnica que los convierte en textos por demás verosímiles.

Hace algunos días, el diario Clarín publicó una noticia en la que contaba que la Nasa, descubrió que el robot Curiosity, enviado a Marte el 26 de noviembre de 2011, llevó consigo 377 cepas bacterianas, de las cuales 65 lograron sobrevivir al viaje y, en este momento, se encuentran abriendose camino en el planeta rojo.

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Aunque los científicos aún no tienen en claro cuales serán las consecuencias de esta invasión bacteriana al planeta al que la humanidad sueña con mudarse, Mr. Clarke, había anticipado que algo así podría suceder en un cuento de su autoria llamado Antes del Edén.

Allí, dos astronautas enviados al planeta Venus, se encuentran con una muy particular forma de vida, a la cual deben hacer frente sin conocer cuales seran sus reacciones. A pesar de su desconcierto, logran obtener una muestra de ella y la llevan al planeta Tierra para que sea analizada. Lo que ellos no saben -y nunca sabrán- es que su paso por este planeta, al igual que el de Curiosity por Marte, no pasará desapercibido.

Aquí les dejo un fragmento del cuento y los invito a leerlo haciendo click en el enlace de abajo para que vean, queridos lectores, que la literatura y más precisamente la ciencia ficción, al igual que Favio Zerpa, siempre tienen razón.

Antes del Edén, de Arthur C. Clarke

 

Click para leer el cuento completo. ¡NO SE LO PIERDAN!

No había caminado Hutchins más de una docena de metros a lo largo de la orilla del lago cuando volvió a detenerse, tan súbitamente que Garfield estuvo a punto de tropezar con él.

–¿Qué sucede? preguntó Jerry –. ¿Has visto algo?
–Aquella mancha oscura de allí. La advertí antes de que nos detuviéramos en el lago.
–¿Y qué pasa con ella? A mí me parece bastante corriente.
–Creo que se ha hecho más grande.
En toda su vida recordaría Jerry aquel momento. De todos modos, nunca dudó de la afirmación de Hutchins; en aquellos momentos podía creer cualquier cosa, hasta que las rocas crecían. La sensación de misterio y aislamiento, la presencia de aquel oscuro y melancólico lago, el sordo ruido de las lejanas tormentas y el verde titilar de la aurora…, todo aquello había causado un fuerte impacto en su mente, disponiéndole para creer aun lo increíble. Sin embargo, no sentía miedo alguno: eso vendría después.
Miró a la roca. Estaba a unos ciento cincuenta metros, creyó calcular, aunque en aquella difusa luz esmeraldina resultaba enormemente difícil estimar distancias y dimensiones. La roca o lo que fuese parecía una losa horizontal de un material casi negro, situada cerca de la cresta de un risco bajo. Había una segunda mancha, mucho más pequeña, de material semejante, cerca de ella. Jerry intentó medir y registrar en la memoria el espacio que existía entre ambas a fin de poder tener una referencia que le permitiera descubrir cualquier cambio.
Aun cuando vio que aquel espacio iba estrechándose, no sintió ninguna alarma…, sólo una perpleja excitación. No fue hasta que hubo desaparecido totalmente que experimentó en su corazón una espantosa sensación de desamparado terror. No había allí rocas crecientes o movientes: lo que contemplaban era una oscura marea, una alfombra serpeante que iba extendiéndose inexorablemente hacia ellos sobre la cresta del risco
El momento de pánico total, irrazonable, no duró por fortuna más allá de unos pocos segundos. El primer terror de Garfield comenzó a desvanecerse tan pronto como reconoció su causa…, es decir, que aquella marea que avanzaba le había recordado en los primeros momentos, muy vívidamente, una historia que había leído hacía muchos años sobre el ejército de hormigas del Amazonas y la manera como destruían todo cuanto encontraban a su paso…
Pero, fuera lo que fuese aquella marea, se estaba moviendo demasiado lentamente como para suponer un peligro real, a menos que cortase su línea de retirada. Hutchins la estaba observando intensamente a través de sus gemelos; él era biólogo y estaba manteniendo su terreno. No voy a hacer el ridículo, pensó Jerry, huyendo como un gato escaldado si no es necesario.
–Por el amor del cielo –dijo al fin, cuando aquella alfombra viviente se halló a sólo cien metros, y Hutchins no había pronunciado aún una palabra ni movido un solo músculo –. ¿Qué es eso?
Hutchins se desheló lentamente como una estatua cobrando vida.
–Lo siento, te olvidé por completo. Es una planta, desde luego. Cuando menos, me parece que deberíamos darle este nombre.
–¡Pero se está moviendo!
–¿Y por qué habría de sorprenderte eso? Así lo hacen también las plantas terrestres. ¿ Es que no has visto películas aceleradas de la hiedra en acción?
–Pero la hiedra permanece en su sitio…, no se extiende por todo el paisaje.
–¿Y qué hay de las plantas de plancton en el mar? Ellas pueden nadar cuando lo necesitan.
Jerry cedió; de todos modos, el prodigio que se aproximaba le había privado de palabras.

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