Buena Voluntad

Típica tarde porteña de domingo.

Un sol algo más que primaveral, golpea directamente sobre el asfalto y sobre cualquier cosa que permanezca sobre él. Pocas personas transitan por la calle y los pocos que se animan a hacerlo, intentan hacerlo bajo la escaza sombra.

El interno 72 de la Línea 4, circula con normalidad uniendo Plaza Constitución con Ramos Mejía. La mitad de los asientos van ocupados y el chofer maneja velozmente por la Avenida Alberdi. Llegando a la esquina acelera para lograr cruzar la calle antes de que el semáforo cambie de amarillo a rojo. Lo logra, pero ni bien cruza la calle siente el timbre, accionado por alguien que obviamente se acordó tarde de hacerlo.

Tres jóvenes mujeres que aparentan tener  entre 19 y 22 años, precipitadamente se habían puesto de pie y tocado el timbre aunque ya era demasiado tarde para que el chofer se detuviera en la parada que ellas deseaban. Una le recriminaba a la otra que no les había avisado a tiempo para ponerse de pie. Por el espejo, el chófer observó la situación y decidió apiadarse de las chicas, accionando los frenos bruscamente, abrió la puerta permitiendo que descendieran. Al hacerlo le agradecieron  desde la puerta de atrás.

El chófer estaba orgulloso de haber reprimido su instinto primordial de ignorar el timbre y arrastrar al pasajero hasta la siguiente parada para, de esa manera, aleccionarlo y enseñarle a tocar el timbre con mayor anticipación. Sin embargo, el chófer no era consciente de que estaba respondiendo a un instinto todavía mas básico: No existe regla de transito, o código interno entre chóferes que no sea dejado de lado para complacer a un pasajero del sexo femenino.

Sin importar si es linda o fea. Gorda o flaca. El chofer se detiene siempre que una mujer relativamente joven o madura lo solicite. En este caso, ninguna de las tres era muy bonita, pero por el calor estaban vestidas con diminutos pantalones cortos y musculosas bastante ajustadas. Tal cantidad de piel expuesta, no le  dejó otra opción al chofer que detenerse para permitir el descenso.

“Muchas gracias chófer” dijo una de las chicas, con un tono inocente en la voz que demostraba que sabía  exactamente lo que estaba haciendo.

Al bajar, las chicas no repararon en los tres muchachos, que sentados en el umbral de un negocio cerrado, las miraban sin emitir ningún sonido. Una cerveza halada los acompañaba en la calurosa tarde

Los jóvenes observaban bajar a las chicas atraídos por la misma exposición de piel,  sin evaluar el grado de belleza de las mismas. En silencio, prestaban atención a sus movimientos y notaron que estaban desconcertadas cuando las vieron buscar la numeración de la calle para saber hacia dónde caminar.

Instintivamente, uno de los pibes se puso de pie y se acercó a ellas seguido por sus dos compañeros que dejaron la cerveza en el piso. El que se levantó primero enfrentó a las chicas mientras los otros dos las rodeaban. Las tres tardaron en percibir lo que sucedía y para cuando lo hicieron ya no tenían por donde escapar. El primero sacó un cuchillo de su cintura y lo apoyo en el cuello de la que parecía la mas chica.

Las otras dos quedaron paralizadas de miedo. Haciendo presión con el cuchillo sobre el cuello de una de las chicas, le indicó a  la más joven  por donde caminar hasta que llegaron a un edificio en construcción y las hicieron entrar.

El diario y los noticieros hablaron de un triple robo, seguido de violación y muerte. Se tejieron muchas hipótesis y no hubo ningún sospechoso.

El colectivero vio las noticias mientras desayunaba y se sorprendió de ver a los medios de comunicación en una esquina por donde él pasaba siempre. Nunca imaginó que todo era una consecuencia de su buena voluntad.

 

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Comentario

Readers Comments (1)

  1. Para cuando el libro esta muy bueno espero por el próximo relato.

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