Calamaro

Te veo todos los días cuando venís a comprar el pan; y esa es la única razón por la cual, desde hace un año, me levanto de la cama cada día de mi vida

La primera vez que te vi, no me llamaste la atención en lo absoluto. Viniste, compraste y te fuiste. Pero como todos lo días a la misma hora, comprabas lo mismo, tu presencia se empezo a notar.

Medio kilo de pan de salvado y dos medialunas de manteca. Todos los días el mismo pedido, siempre con el pelo mojado, los ojos llenos de vida y tu cuerpo irradiando una energía muy especial por todo el local.

Con el tiempo descubrí que salías del gimnasio que esta al lado de la panadería. Pasabas por acá a comprar el desayuno luego de haberte bañado y perfumado en el vestuario. Por eso tanta frescura en tu cuerpo.

Cuando comencé a trabajar acá yo no atendía al público. Sólo estaba detrás del mostrador, ayudando a la dueña a preparar los pedidos. Así fue como en mi primer día, casi sin mirarte, te serví las dos medialunas con manteca. Pero era tal mi frustración por estar en este trabajo de mierda que nada me importaba y casi ni te mire.

Fue la reiteración, verte cruzar la puerta todos los días, con el pelo suelto y mojado. Fue tu elegancia al caminar lo que me enamoro de vos. Tu sonrisa al darte la bolsa con tu pedido. Tu pelo moviéndose con el andar de tus pasos. Tú forma de hablar.

Durante los primeros seis meses no te hablaba. De hecho, solo te miraba cuando vos no podías verme. Pero durante la última parte del año, comencé a mirarte fijo a los ojos y a sonreírte mientras te atendía. Enseguida, note sorprendido, que me devolvías la sonrisa.

De a poco fui animándome a hablarte de cosas sin importancia. Conversaciones de mostrador sobre el frío, el calor, el viento, la inflación; pero fuiste vos la que dio el paso más importante.

Yo servía el medio kilo de pan negro, mientras tarareaba una canción de Calamaro que se escuchaba en la radio. Tarareaba, no porque me gustara la canción sino, para disimular los nervios de estar frente a vos.

-¿Te gusta Calamaro?- me preguntaste con la sonrisa de siempre.

Aunque jamás escuche una canción de él, te mentí y te dije que sí. Que lo escuchaba siempre. Vos me contaste que ibas a verlo seguido y que adorabas la sensibilidad de sus letras.

Yo casi no prestaba atención a lo que me decías, pero mientras me hablabas pude ver cosas de tu rostro que nunca había notado. Tu belleza aumentaba con cada expresión que hacías al hablar. Quedé fascinado al poder observar tu cara de frente mientras conversábamos.

Hace dos meses decidí arriesgarme un poco más para saber hasta dónde podía llegar y sin que nadie se diera cuenta, puse junto a tus medialunas y tu pan, una nota escrita de puño y letra con una frase de Calamaro dentro de un corazón dibujado.

Esa noche no dormí, esperando que sea la hora de verte entrar al local y cuando lo hiciste tuve palpitaciones. Creí notar que te habías arreglado especialmente para mí. Aunque no sabía que tenías de diferente a otros días, te note mas linda que nunca. Pero me saludaste normalmente y no me dijiste nada sobre la nota.

Me puse tan nervioso que el pan se me cayó al piso y tuve que volver a servirlo. “¿Será que no la encontró, o me está ignorando?”, pensé lleno de rabia.

Te dí la bolsa sin mirarte y fuiste a la caja a pagar. Estuve a punto de ponerme a llorar de bronca y casi me pierdo lo que le dijiste a la dueña del local después de recibir tu vuelto:

-No sé que tenían las medialunas de ayer, pero estaban más ricas que nunca- y al darme vuelta pude observar que me mirabas sonriente.

El alma me volvió al cuerpo, sentí que podía tocar el cielo con las manos. También sentí que algo crecía debajo de mi pantalón y tuve que pedir permiso para ir al baño a masturbarme. También lo hice por la noche, pensando en vos.

Desde ese día, cada mañana te deje una notita con una frase de Calamaro dentro de la bolsa del pan. Hasta esta mañana que la cambie por una frase mía, una invitación: “Esta noche, después de las diez, en la placita”, escribí, deseando que estuvieras de acuerdo y asistieras a nuestra cita.

Cuando terminé mi horario, corrí a mi casa, me bañe, me afeite y me puse perfume. El mismo que usaba mi papá. Le dije a mamá que me iba a la casa de un amigo a jugar a la Play y me senté acá, en el mástil de la bandera a esperarte. Traje una bolsa con medio kilo de pan negro y cuatro medialunas, dos para cada uno. También traje dos docenas de rosas rojas que espero te gusten.

Y por fin te veo venir a lo lejos. Irradiando luz, con tu belleza que se distingue en la oscuridad. Los cincuenta metros que nos separan parecen mil y mientras caminas hacia mí, siento mi corazón latiendo con mucha fuerza. Las piernas me tiemblan y tengo que apoyar la espalda en el mástil para no caerme. La respiración se me entrecorta y una gota de sudor cae por mi frente.

Me seco la transpiración en el mismo momento en que te paras frente a mí, mirándome a los ojos con una sonrisa que estoy seguro, es la más deslumbrante del mundo. Te reís cuando te doy la bolsa con el pan y las medialunas y te conmoves al momento de agarrar las rosas. Me doy cuenta que te gustaron porque sin decir ninguna palabra, me besas.

Tus labios son tibios. Tu lengua es suave y dulce. Desde mi estómago se expande una sensación extraña de placer hacía todo el cuerpo y abro los ojos mientras nos besamos para no perderme un detalle de este momento, que quiero conservar por siempre. Te veo entregada en mis brazos, tan dulce y hermosa. Me imagino todo lo que vamos a hacer después.

Te beso apasionadamente y puedo ver cuando abrís tus ojos para mirarme. Percibo la sorpresa en ellos. Imagino que entendes que está pasando, pero que no tenes idea de por qué.

Al sacar el cuchillo de tu abdomen, tan lentamente como lo introduje, tu cuerpo se desploma y tengo que arrodillarme para que no te caigas al suelo. Suavemente te apoyo en el piso.

Noto tu mirada perdida, que ya no me mira. Te beso en la frente y mientras me desabrocho el pantalón pienso nuevamente en todo lo que vamos a hacer ahora.

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Comentario

Readers Comments (3)

  1. Laurabuela 18/01/2013 @ 15:15

    Que miedito!!!!! Iba tan lindo el relato…..

  2. Bueno no se puede negar que es un relato que te atrapa mucho, pero entre nosotros leo, te recomiendo un sicólogo ja ja esta bueno

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