-¿Cómo le va Carlos?- le preguntó mientras se sentaba frente a él.

Carlos dudó. Primero creyó que el extraño se había equivocado de mesa, aunque se desorientó cuando lo llamó por su nombre. Hizo un esfuerzo para recordar si la cara del extraño le resultaba familiar.

Ni bien este hombre terminó de sentarse, Carlos tuvo la certeza de conocerlo pero no estaba seguro de dónde.

-Muy bien, muy bien-respondió-. ¿Y a usted?- Sonrió al preguntar, sin animarse a decirle que no recordaba su nombre.

-Aquí estoy… Cansado como siempre. Demasiado trabajo-respondió el extraño levantando sus cejas con resignación-¿Qué cuenta de nuevo?

Casi olvidando que hasta hace un rato no conocía a esa persona y con toda naturalidad, Carlos comenzó a responder la amplia y nada específica pregunta.

-No mucho, usted ya sabe que a esta altura uno vive para los nietos. El resto, por más que parezca importante pasa a un segundo plano. Inclusive los hijos.

Carlos dudó y miró al extraño-¿No sé si a usted le pasa lo mismo?

El extraño volvió a levantar las cejas, esta vez con una media sonrisa que lo invitó a seguir hablando. Carlos continuó.

-Si… Cuando uno es padre disfruta de serlo y por primera vez le encuentra sentido a la vida; pero fundamentalmente encuentra una razón para volver al trabajo al día siguiente.

Carlos terminó la frase con una risa que creyó que contagiaría a su interlocutor, pero muy por el contrario, este le devolvió solo una media sonrisa.
Lejos de molestarse, Carlos siguió con su relato.

-Mis hijos ahora están grandes y trabajan como yo lo hacía a su edad. Viven corriendo y gastan más de lo que tienen, pero por suerte a los tres les va bien. Los tres tienen hermosas familias y son muy buenas personas.

»Es reconfortante mirar hacia atrás y ver que lo que uno hizo con ellos estuvo bien, porque mientras uno está haciéndolo nunca tiene la certeza de si es lo correcto o no.«

»Uno elige una postura, un parámetro y le da para adelante sin ninguna certeza de si está bien hecho o no. Intenta no cometer los errores que los padres cometieron con uno pero termina cometiendo peores.«

»Lo peor es cuando el parámetro se te va al carajo y lo tenes que cambiar.«

»Por ejemplo: Al más grande no lo mandamos de viaje de egresados por miedo, a pesar de que el quería ir. Al segundo se lo pagamos sin problemas, igual que a la petisa aunque ella no quería ir. Y las tres veces lo hicimos con la misma convicción«

»Por eso te digo, es una suerte que hoy mis hijos me respeten y valoren como padre, porque podría haber sido todo lo contrario y lo más gracioso es que ahora, uno puede ver como ellos meten la pata«

»A los hijos uno los cría como puede, pero a los nietos los podes disfrutar. Les enseñas alguna que otra pavada pero le dejas lo más importante a los padres y te quedas con lo mejor de ellos.«

»Se alegran cuando llegas, lloran cuando te vas. Si se portan mal vos te haces el distraído y listo. Siempre son cosas buenas«

Hizo una pausa para tomar aire y tragar saliva. Luego siguió.

-Y los chicos… Los chicos son buenos padres. Se rompen el lomo para cada día mejorar un poco más. Mira que yo los veo siempre.«

»Te aseguro que a los hijos no les falta nada y por más que lleguen tarde y cansados del trabajo, por más que hayan tenido un día pésimo siempre se hacen tiempo para jugar con los nenes.
A mi me sorprende mucho… Y me gratifica porque yo no tenía esa dedicación con ellos.«

Reflexionó unos segundos con la cabeza baja, mirando un punto perdido en la mesa.

-¿Sabes que es lo mejor de todo?- continuó- Cuando ves a tu hijo jugando con el suyo y te podes ver a vos mismo unos años atrás. Siempre hay un gesto, una palabra que creías olvidada que te hace viajar en el tiempo y recordar cuando vos jugabas así con él. Eso esta bueno.

Hizo otra pausa.

-Por eso estoy tan ansioso con esto de que la petisa va a ser madre. Solo faltan unos meses, pero yo quiero que sea ya.

Cuando dijo eso fue la primera vez en que Carlos creyó percibir un cambio en la expresión del extraño. Lo observó pero no pudo confirmar lo que le había parecido, porque este, ya había vuelto a la misma mirada inexpresiva que mantuvo durante toda la conversación.

-Ver a la petisa con su hijo en brazos me va a traer recuerdos de Norma. Cuando este con su nene en brazos va a ser como cuando Norma la tenía a ella y yo voy a poder verla y recordar…
Recordar a Norma cuando todavía estaba acá, cuando éramos jóvenes y teníamos que dormir mal si la petisa lloraba.

»En esos momentos era yo el que iba a la farmacia de madrugada mientras ella le bajaba la fiebre. Yo me iba a trabajar sin dormir, pero Norma se quedaba cuidándola sin haber dormido en toda la noche.«

»Me intriga mucho saber que nombre le van a poner al chiquitín. Yo les sugerí Jeremías, pero me parece que no les gusto.«

-Carlos-dijo el extraño.

-¿Qué?

-Le van a poner Carlos-afirmó.

-¿Y vos como sabes?

El extraño respondió con un movimiento de cejas dando a entender que la respuesta era obvia, pero Carlos no lograba entender por qué.

Permaneció sin hablar algunos segundos intentando descifrar el gesto de su compañero de mesa pero no lo consiguió.

Sonrió irónicamente-El último nombre que le pondrían sería el mío. Es un cliché que no va con ellos; y entre nosotros, tampoco tengo un nombre tan bueno como para que pase de generación en generación.

Terminó la frase con una leve sonrisa para indicar que había hecho un chiste.

Le llamó la atención que el extraño esta vez no hizo ningún gesto. Ni con las cejas, ni con su boca.

Permaneció serio, inmóvil, con una actitud que incomodaba.

-¿Por qué decís que le van a poner mi nombre?- Preguntó Carlos.

-Porque ese es el nombre que le van a poner a tu nieto-Aseguró con la misma seriedad

-Habría una sola razón por la que podrían llegar a ponerle mi nombre-reflexionó Carlos-. Y es que yo hubiera muerto antes de que él nazca.

Esta vez el extraño hizo un gesto con las cejas que dejó en claro lo que estaba pensando.

-¿Que queres decir con esa cara?-preguntó Carlos enojado, pero el extraño permaneció en silencio sin expresión alguna en su rostro.

Carlos lo miró con odio.

-Es por eso que estoy acá-dijo al fin el extraño.

-¿Quién sos vos? ¿De dónde nos conocemos?

-Vos sabes bien quién soy.

Carlos dudó.

-¿Que querés de mí?

-Vengo a buscarte. Tenés que venir conmigo.

-¿Qué querés decir?-alzó la voz-¿Quién sos vos? ¿Qué haces acá? ¡Andate de acá! ¡Yo no voy a ir a ningún lado con vos! ¿Te pregunté quién sos? ¿Quién carajo sos?

El extraño lo miró con serenidad. Se acomodó en la silla mientras Carlos le gritaba. Esperó a que hiciera una pausa y hablo lentamente.

-No hace falta gritar Carlos.

Carlos quedó automáticamente en silencio. Con la vista fija en su compañero de mesa.

Permanecieron en silencio un minúsculo instante, hasta que el extraño lo invito con un gesto a mirar a su alrededor.

Carlos pareció salir de un trance. Pestañeó un par de veces y lo primero que vio, fue su taza de café aún intacta y ya fría.

Luego vio la misma silla en la que él estaba sentado tirada en el piso y un mozo del bar arrodillado sobre alguien.

Al observar todo el contexto, notó que toda la gente que estaba en el bar miraba hacia allí. Se puso de pie y vio claramente su propio cuerpo en el piso y al mozo practicándole respiración boca a boca y masaje cardio pulmonar intercaladamente.

Miró al extraño que ahora estaba de pie a su lado.

-¿Qué me pasó?-le preguntó con tristeza.

-Nada en particular. Es tu hora.

-¡Qué lástima!-se lamentó Carlos-¿Justo ahora tiene que ser? ¿No se puede hacer nada?

-Nada. Ya hiciste todo lo que tenías que hacer. Vos mismo lo dijiste.

-¿Fué un infarto?-quiso saber.

-No, solo se detuvo el corazón.

-Pero este muchacho está intentando salvarme-dijo depositando todas sus esperanzas en el mozo que intentaba reanimarlo.

-No lo va a lograr.

Vio al mozo esforzarse por reanimarlo a pesar de que su cuerpo no respondía.

-Es hora de irnos Carlos-dijo poniéndole una mano en el hombro.

Observaron la escena unos segundos más y caminaron hacia la salida.

-Al menos voy a volver a ver a Norma. Ya pasé demasiado tiempo sin ella-se ilusionó.

-Estas viendo demasiada televisión.

No comprendió lo que le dijo, pero no tuvo ganas de preguntar más. Empezaba a tener miedo de las respuestas.

Cruzaron la puerta en el mismo instante en que una ambulancia se detenía y un médico entraba corriendo al bar.

Una luz de esperanza nació en Carlos, pero se limitó a mirar al extraño, quién solamente negó con la cabeza.

Avanzaron algunos metros sin que nadie les prestara atención. Nadie los miraba y aunque lo hubieran hecho, no los habrían visto desaparecer.