Casi cuatro años

Subo al taxi junto al más grande de mis hijos y mientras el auto recorre las cuarenta cuadras que nos separan de nuestro destino, comprendo que nos acercamos al final de este viaje. Un viaje que no se debe medir en kilómetros, sino en años. Aproximadamente cuatro años.

Este viaje comenzó abordo de un remis, volviendo junto a mi esposa y a mi hijo mayor (por aquel entonces el único) del cumpleaños de algún familiar que vivía en Lanús. En esos días, nosotros alquilábamos una casa en Parque Patricios y si bien el viaje no era largo, mi hijo atravesaba por esa época en que los niños se descomponen cuando viajan en auto. De modo que tomábamos todas las precauciones posibles: lo sentabamos del lado de la puerta con la ventanilla baja aunque hiciese frío y le recomendábamos que no se durmiera, ya que generalmente, si lo hacia, se despertaba con ganas de vomitar.

Dispuesto a no descomponerse, él asomaba su cabeza por la ventanilla tomando aire fresco y buscaba en nosotros cualquier conversación para no dormirse. El remisero, ajeno a la situación, escuchó que por la radio pasaban una canción que le gustaba y subió el volumen. Manejaba golpeando con su mano al ritmo de la batería, mientras tarareaba la letra de la canción.

A mi hijo le gustaba (y le sigue gustando) mucho la música. Conocía canciones de varios artistas y acostumbraba representarlos usando un micrófono y disfrazándose con algunos accesorios. Yo no lo sabía, pero él conocía la canción  que sonaba en la radio del auto y para no dormirse, comenzó a cantarla junto con el remisero.

Yo codeaba a mi esposa para que lo viera. Me resultaba muy gracioso, ver a un niño de cuatro años, cantando con muchas ganas el estribillo de “I Was Made for Loving You” de Kiss. Al llegar a casa, por supuesto que sin sentir ni siquiera nauseas, me contó que no tenía idea de quien cantaba la canción pero que la había escuchado en la propaganda del Quilmes Rock de ese año, en el cuál, obviamente, tocaba Kiss como número principal.

Esa noche la charla no pasó de ahí. Fue al día siguiente (un Domingo), que ni bien nos levantamos le mostré en YOUTUBE el vídeo de esa canción. Rostros con pintura, pelo largo, fuegos artificiales, lenguas largas, guitarras distorsionadas; mi hijo no alcanzaba a procesar las imágenes que veía y poco a poco se iba enamorando de la banda que sería, al menos durante los siguientes cuatro años, su banda favorita.

Desde ese día, cada día vio, escuchó o cantó una canción de Kiss. Aprendió el nombre de sus integrantes, de sus exintegrantes y de los integrantes ya muertos. Supo cantar la letra de casí todas sus canciones y también a que disco pertenece cada una de ellas. Vimos recitales, el Umplugged de MTV y diversas entrevistas en todos los medios. Y por supuesto, vimos el recital del Quilmes Rock. Lamentándose permanentemente por no haber descubierto a Kiss antes de esa visita para así, haber presenciado aquel recital.

Pasaron los años y su fanatismo creció hasta niveles insoportables. Llegó a ser imposible mantener una conversación con él, sin que mencionara a Paul Stanley o a Gene Simmons. De haber tenido la posibilidad, hubiera dejado de ver programas infantiles y de escuchar cualquier música que no fuera de la banda más caliente del mundo, cosa que por supuesto no permitimos.

Cada año, mantenía la esperanza de que Kiss regresara a la Argentina para poder asistir al concierto. En cambio yo, cada vez tenía más miedo de que alguno de los miembros de la banda muriera o de que se retiraran de las giras debido a su avanzada edad.

Por suerte, un día, se supo que Kiss, estaría de vuelta en el país.

Le dí la noticia de que ya teníamos las entradas solo unos pocos días antes del concierto. Al enterarse, lloró como pocas veces lo había hecho, emocionándome a mi como en tantas otras ocasiones. Viajamos al estadio atravesando una ciudad colapsada por el tráfico y por un gran apagón, en uno de los días más calurosos del año. Esperamos impacientes el momento en que se apague la luz y que la mítica voz nos reciba con su discurso de siempre.

La fiesta fue completa. No faltó nada. Podría describir el concierto en miles de palabras, pero lo mejor de la noche no sucedió sobre el escenario sino a mi lado. Donde un niño de 8 años llegó a cumplir uno de los primeros grandes sueños de su vida. Algunos de nosotros, los que hemos visto sueños mas o menos importantes disiparse en la nada, podemos entender lo que es para un niño llegar a cumplir alguno de ellos.

Al lado mio, una pequeña persona, que aún tiene que decidir que tipo de persona será, que camino tomará y cuales serán sus gustos de toda la vida, grababa en su retina una imágen eterna. Esos fuegos artificiales, esa sangre chorreando de la lengua de Gene, los disparos saliendo de la guitarra de Tomy, los bazookazos de Eric y la tirolesa de Paul, lo acompañaran durante muchos años. Quizás él se las narre a sus hijos, o porque no a sus nietos, como yo le he narrado a él, heroicos momentos de Cerati con la guitarra.

Esa noche ya no importaba si lo que estabamos viendo era un show de rock, cumbia o reggaeton, sino que saltábamos abrazados coreando los acordes de una guitarra.

Ahora el taxi avanza por barrios que aún permanecen en la oscuridad total. Mi hijo, duerme al lado mío, aún con una estrella pintada en el ojo derecho y con su peluca puesta. Ya no se descompone en los viajes, ha crecido. Y yo pienso en tantos padres que no tienen idea de cuales son los gustos de sus hijos o que no encuentran nada para compartir con ellos durante algún rato y me siento un afortunado de haber compartido esta noche con él. Hay muchas posibilidades de que algún día, él y yo nos transformemos en esos padre e hijo que parecen hablar en distintos idiomas, pero siempre recordaremos el momento en que abrazados, en un estadio de fútbol hablamos el mismo idioma, sin percatarnos de que un sueño se hacia realidad, ni de que un viaje de tres años y pico, se acercaba a su fin.

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Comentario

Readers Comments (2)

  1. Muy lindo Leo, estoy seguro que eso, no se lo olvida jamás el y vos tampoco.

  2. Laurabuela 31/01/2013 @ 10:40

    Excelente relato !!!!
    Excelente experiencia!!!!

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