No recuerdo la fecha exacta, pero buscando en Wikipedia pude averiguar que fue en 1989. Desconozco si acá, en Argentina, por esos años, las películas se estrenaban al mismo tiempo que en el resto del mundo pero me imagino que no. Tampoco tengo idea si los cines de Mar del Plata proyectaban los mismo títulos que en Buenos Aires, pero teniendo en cuenta que las grandes cadenas aún no existían, imagino que la respuesta también sería que no.

Tenía diez años en 1989 y si estaba en Mar del Plata era porque había vacaciones, era semana santa o teníamos algún fin de semana largo. Ese día fuímos al cine con un grupo de amigos marplatenses, de los cuales solo recuerdo el nombre de uno: Javier, con quien nos conocíamos muy poco debido a que solo nos veíamos algunos  días al año. No supe mucho de él con el correr de los años, pero llegué a enterarme que se había dedicado al cine y que se había convertido en director. Es curioso, que el último recuerdo suyo que tengo, sea justamente en la puerta de un cine.

La expectativa antes de entrar a la sala era enorme. La primera película de la trilogía había despertado un gran entusiasmo entre nosotros y continuaría haciéndolo durante varias generaciones más. La segunda -la que estábamos a punto de ver- agigantaría aún más ese mito y convertiría en clásicos a las tres películas de la saga, aunque aún faltara un año para el estreno de la tercera.

La historia estaba tan bien contada que a nadie le llamaba la atención el contradictorio título: Volver al Futuro. Volver. Justamente de eso se tratan las tres películas. En la primera, Marty viaja a 1955 y durante toda la película intenta Volver al Futuro. O sea, a su presente en 1985.

En la tercera y última parte de la saga, tanto Marty como el Doc. Brown, se encuentran atrapados en 1855 e intentan, nuevamente, regresar a 1985.

La segunda, en cambio, es bastante distinta ya que los protagonistas comienzan viajando al futuro y luego, para resolver nuevos inconvenientes, deben viajar, una vez más, a 1985 para, finalmente, regresar al futuro: su presente de 1985.

Así de complicada es la segunda parte de la saga. Por eso, dependiendo de quien opine, puede llegar a ser considerada la mejor de las tres. Ese día, sentado frente a la pantalla, fue la primera vez que el concepto de futuro se introdujo en mi mente. Por cuestiones generacionales nunca había visto El Tunel del Tiempo u otras películas y series que trataran sobre viajes en el tiempo. Robert Zemeckis fue la primer persona que me hizo pensar sobre cómo podía llegar a ser el futuro.

Autos que volaban, zapatillas que se ataban solas, camperas “autosecantes”, patinetas voladoras y vestimentas bastante ridículas, eran algunas de las características de ése futuro tan lejano que descubrí cuando tenía diez años. Se dice que veinte años no es nada pero cuando tenes diez, una década es toda tu vida. Es muy difícill imaginar, a los diez años, que algún día tendrás 35 y que presenciaras un cambio de milenio.

Llegar al 2000, para mí, fue bastante sorprendente. No porque tuviera miedo de morirme antes, sino porque 2000 sonaba demasiado a futuro. Pero lo único que el nuevo milenio tenía de futuro era el número. Fuera de eso, nada había cambiado.

Ahora, en cambio, está comenzando el 2015. Justamente el año en que Robert Zemeckis eligió para ubicar el futuro de Volver al Futuro. Ese futuro lleno de colores, de tecnología, de cosas tan sorprendentes que nos dejaban con la boca abierta frente a la pantalla del cine. Ése era el futuro que queríamos, el que imaginábamos y con el que soñábamos. Lo único que se me venía a la mente cuando una persona me pedía que pensara en el futuro.

Ese futuro, ese 2015 tan lejano, tan soñado y tan deseado, finalmente está aquí y para presenciarlo no tuvimos necesidad de utilizar ninguna máquina del tiempo construida sobre un Delorean. Fue suficiente con tener paciencia y esperar.

Finalemnte, ell futuro ya llegó.
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