—Alejandro, ¡No podemos seguir jugando así!— imagino que le dijo Messi al entrenador de la selección argentina durante el entretiempo del partido con Croacia. Sabella, al igual que los demás integrantes de su cuerpo técnico, es un hombre mayor, canoso y se está quedando pelado. Por eso imagino que Messi no le debe haber gritado ni faltado el respeto. Alejandro es un buen tipo y Messi es un pibe respetuoso.

Si uno viera a estos señores conversando entre ellos al costado del campo de juego, podría imaginar que están deliberando sobre el mejor tiro para “arrimar el bochín” en un partido de bochas, pero no. No están en el “Juventud Que Lucha” de Lanús, sino en el Maracaná. Sufriendo después de haber priorizado un esquema cobarde y conservador, por sobre otro que ya le ha dado muy buenos resultados a este equipo. Por suerte para nosotros, están dispuestos a dar el brazo a torcer. No es para menos. Messi no se siente cómodo y lo hace saber en cada torpe gambeta con la que intenta vencer la soledad a la que fue expuesto por el director técnico.

Recuerdo el momento en que Bilardo asumió como director técnico de la selección y nombró a Maradona como número diez, capitán y único titular indiscutido de ese equipo, despertando una rivalidad entre Passarella y Diego que perduraría hasta el día de hoy. Años después, también al asumir, Maradona diría que su equipo eran Mascherano y diez más, relegando a Messi a un segundo o tercer lugar. El diez (el nuevo diez) se ganó la posibilidad de ser capitán durante un partido del último mundial. Ese día, la cinta le quedó literalmente grande y Messi pasó noventa minutos intentando ajustársela al brazo y dejo claro, con una actitud bastante tibia, que no estaba listo para cumplir ese rol.

Messi maduró a fuerza de goles, partidos, títulos y balones de oro ganados. Además creció, maduró, se casó y fue padre; y un padre jamás se queda callado cuando algo no le gusta. Tampoco un capitán. Es por eso que estoy seguro de que Messi tiene que haberle dicho algo a Sabella al término del primer tiempo. No puede haberse quedado callado frente a un Sabella que, intuyo, ya habría tomado la decisión de claudicar y modificar el sistema para permitirle al diez y a su equipo, jugar de la forma que más les gusta.

Sabella admitió su error y realizó dos modificaciones antes de comenzar el segundo tiempo, exponiéndose frente a todo el mundo. En otro gesto inédito, decidió admitir su equivocación frente a los periodistas en la conferencia de prensa. Sabella es un hombre honesto, hecho y derecho, que tiene a Manuel Belgrano como modelo a seguir. Es la misma persona que, dirigiendo a Estudiantes, se acercó al alambrado para pedirle disculpas a un hincha con el que se había enojado durante el partido. Sabella me hace acordar a otra persona honesta, hecha y derecha que dirigió un seleccionado nacional: José Néstor Pekerman.

Pekerman —también de pelo blanco pero algo más joven que Sabella— tiene hasta cara de bueno. Es tan honesto y transmite tanta paz, que sus seleccionados juveniles, además de salir campeones en todas las categorías, también se llevaban el premio al Fair Play. Es tan bueno Pekerman que a pesar de haber sido él, quien habló y convenció a Messi de que juegue para Argentina, decidió no ponerlo en el partido que perdimos por penales con Alemania en el 2006 después de que Lehmann, le atajara el penal al Cuchu Cambiasso. Cuando vi al arquero alemán, sacar un papel que le indicaba hacía que lado tirarse dependiendo del jugador que se parara frente a la pelota, pensé “esto, con Bilardo, no hubiera pasado”.

Lehman

Bilardo es el del bidón con laxante en el mundial del 90; el que pinchaba con alfileres a sus rivales cuando tenía que saltar a cabecear, durante su época de futbolista; el que despertaba a Ruggeri en la mitad de la noche para preguntarle a quien marcaba y el que se enojaba con Valdano porque, para relajarse en la previa del mundial 86, este leía libros. —Tenés que estar nervioso, Jorge— le decía. Si Bilardo hubiera estado en el equipo de Pekerman, le hubiera dado a Franco un papel con indicaciones, o hubiera desorientado a los alemanes mandando a patear a los jugadores menos esperados. Quizás, le hubiera dicho al Cuchu — Cuchu: yo se que te gusta patear suavecito y al medio, pero el arquero tiene un papelito y te lo va a atajar. Mejor, tiralo bien esquinado o por lo menos, dale de puntín.

Como dije antes, Sabella tiene como referente a Belgrano y leyó algunas palabras del procer el día de su presentación como técnico del seleccionado argentino. Su bondad y honestidad, me hacen temer que otros técnicos, algo más pillos que él, como Scolari o Sampaoli, se aprovechen y le saquen alguna ventaja antideportiva. Por suerte, la voz del capitán de la selección argentina se hace oir y su opinión es respetada. También, arriba de Sabella hay otra persona a la que él escucha y tiene como referente desde que era un jugador de fútbol. Su nombre, es Carlos Salvador Bilardo.
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