El mayor de mis miedos

No sé si habrá sido normal (yo creería que si), pero cuando era chico le tenía mucho miedo a la oscuridad.

Podía dormir con la luz apagada o aguantar algunos segundos manteniendo los ojos cerrados, pero por ningún motivo podía entrar en un cuarto que estuviera totalmente a oscuras, atravesar el pasillo de mi casa sin luz o caminar por una calle donde los árboles fueran tan grandes que llegaran a tapar las luminarias públicas. Bastaba una simple sombra reflejada en el asfalto para que mi imaginación la convirtiera en una garra a punto de destruirme.

Era normal, entre mis amigos del barrio, reunirse en la casa de alguno de ellos para ver algunas películas de terror. Por aquel entonces veían IT, Las Pesadillas de Freddy o las películas de Jasón. Yo no tenía ningún problema en participar de las veladas, siempre y cuando las organizaran durante el día. Así que nunca asistí a ninguna porque como todos sabemos, las películas de terror hay que verlas durante la noche y yo no podía mezclar la noche con el terror.

Cuando los años pasaron y las mismas reuniones continuaban llevándose a cabo pero para ver películas pornográficas, tampoco participaba de ellas, pero eso lo contare en otra ocasión.

A pesar de mis miedos, me siento afortunado por no haber sufrido pesadillas a la hora de dormir. Es muy probable que lo haya logrado al no permitirme  ver películas perturbadoras después de las 17 horas, evitando así, cualquier imagen negativa que pudiera retener mi cerebro para despertarme durante el sueño.

La última vez que intenté ver algo de terror por la noche, corrían los años noventa y Canal 13 ponía al aire una serie de Freddy Kruger, todos los viernes antes de la medianoche. Yo pretendía verla desde la cama, pero nunca logre pasar del primer sobresalto. Apagaba la tele y me dormía con la almohada cubriendo mi cabeza.

De a poco y a medida que fui creciendo y madurando dejé de tenerle miedo a la oscuridad y a lo sobrenatural, pero las cosas no mejoraron ya que durante la adolescencia, sufrí dos de los peores miedos que se pueden tener a esa edad: El miedo al ridículo y el miedo a las mujeres.

De naturaleza torpe, yo era una especialista para hacer el ridículo delante de las mujeres de mi edad. Me caía sobre terreno firme, saltaba y el pantalón se me rompía en la entrepierna o estornudaba y se me caían los mocos a la vista de todos.

Las crueles risas de las mujeres con cada torpeza que yo cometía, junto con mis anteojos culo de botella y un grave caso de acné juvenil, podrían haberme convertido en gay o en un asesino serial. Por suerte, solo me convertí en un ermitaño y un resentido antisocial.

Más tarde en la vida, el deporte me ayudaría con la torpeza y el tiempo con las mujeres.

Hoy, mis miedos son más comunes. Similares a los de todo el mundo. Tengo miedo de que mis hijos no me quieran, de que mi mujer me deje por otra mujer, de no llegar a fin de mes, del cambio de plan económico con cada gobierno o de morirme sin ver a la selección argentina salir campeón del mundo con Messi de capitán

Ya no hay más payasos que acechen bajo mi cama. Tampoco seres ocultos al final de un pasillo oscuro. Ni siquiera chicas lindas que compitan entre ellas para ver cuál es la primera en encontrar mi nuevo pornoco.

Pero desde hace un tiempo tengo un miedo que me supera ampliamente y a pesar de enfrentarlo todos los días e irme a dormir cada noche creyendo haberle ganado, al despertar, él siempre vuelve a estar allí.

Mi último y gran miedo, el peor de todos los que he tenido, no es más que una simple hoja de papel en blanco, desafiándome sobre la mesa y disfrutando de  mi angustiante escasez de ideas. Su presencia me compromete permanentemente a tomar una lapicera y plasmar en ella algo que valga la pena, aunque más no sea para mí. Yo intento ignorarla todo el tiempo, pero si lo hago, al día siguiente estará ahí esperando para humillarme nuevamente.

No me deja otra opción que enfrentarla. Me convenzo a mi mismo de que soy capaz y lo hago. Tomo la lapicera y garabateo las primeras palabras que, en caso de tener suerte y ser las adecuadas,  abrirán el paso para que aparezcan todas las demás.

Sentado incómodamente, con mi lapicera creativa en la mano derecha, respiro profundo y comienzo a escribir con sorpresa. Sin entender que significara esa primera frase,  leo en voz alta lo que en ella queda escrito.

Y dice: “No sé si es normal, pero cuando era chico le tenía miedo a la oscuridad”

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Comentario

Readers Comments (4)

  1. Me alegro que no seas ni gay ni acesino serial ja ja mejor si tenes miedo así seguis escribiendo todas estas cosas siempre se te va a ocurrir algo !!!

  2. Increíble! Comentas casí al mismo tiempo que lo publico

  3. Laurabuela 10/01/2013 @ 23:03

    Y yo que pensé esa la PRI Ufa!!!!

  4. buenisimo!!!!!!!!!!!!!

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