Habitación inteligente

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Despertó con la primera luz de la mañana y maldijo en silencio por no haber cerrado completamente la cortina antes de irse a dormir. Se incorporó sobre la cama y mientras intentó despabilarse estirando los brazos sobre su cabeza, dio la orden para que la música comience a sonar.

Caminó hacia la mesa ubicada cerca de la pared, en donde, como todas las mañanas, ya tenía el desayuno servido. Bebió un sorbo de café y con un chasquido de los dedos, encendió la pantalla que hasta ese momento, había permanecido oculta camuflada en la pared. Comenzó viendo un resumen deportivo pero antes de que este termine tuvo la necesidad de informarse y cambió de canal. Para hacerlo, no utilizó un control remoto: Simplemente levantó su mano en el aire y la desplazó de izquierda a derecha, una y otra vez, hasta encontrar el canal de noticias que buscaba.

Probó la primera de las tres medialunas que tenía servidas en el plato. Eligió una de grasa y antes de morderla la sumergió en el café, derramando parte del líquido sobre la mesa. Percibió algo que lo incomodó y no pudo resistir el impulso de observar por encima de su hombro. Al hacerlo, no encontró ninguna persona que estuviera mirándolo.

El sonido del teléfono lo distrajo y presionando el lóbulo de su oreja derecha con su índice, atendió. Al otro lado de la línea escuchó la voz de su madre preguntándole como estaba y si había descansado bien.

Mantuvo con ella una conversación desganada, limitándose a responder sus preguntas con monosílabos mientras caminaba por la habitación. De tanto en tanto, era él quien realizaba alguna pregunta que velozmente era respondida por su madre para retomar el control de la conversación.

—Si mamá… No mamá… Bueno mamá… —intercalaba las respuestas, sin dejar de caminar. — ¿Cómo esta papá?— preguntó de golpe y percibió la vacilación de su madre al otro lado del teléfono.

Su padre no estaba para nada bien y en cada conversación que tenía con su madre, ella se encargaba de hacerle saber que desde que él se había independizado, su condición empeoraba día tras día.

Finalmente, después de llorar, gritar y enojarse, su madre se despidió y colgó.

Chasqueó nuevamente los dedos para apagar el televisor y en voz alta pronunció la palabra “training” para que una selección de canciones electrónicas suene a todo volumen. Respiró profundo y comenzó a saltar en el lugar. Durante 45 minutos, realizó una rutina de ejercicios aeróbicos y anaeróbicos alternando un poco de Tae Bo, flexiones de brazos y abdominales. Al finalizar, con una orden en voz alta, pidió música lenta y realizó los correspondientes ejercicios de elongación.

Caminó hacia el rincón opuesto de la habitación, se desnudó y presionando unos botones ubicados en la misma pared, seleccionó la temperatura del agua que comenzó a caer sobre su cuerpo desde la ducha. Se enjabonó varias veces para quitarse la transpiración y al terminar, caminó desnudo por el cuarto hasta que su piel estuvo seca.

Al vestirse, experimentó nuevamente la sensación de ser observado pero tampoco pudo comprobar que así fuera. Volvió a sentarse en la mesa, de la cual ya habían sido retiradas las cosas del desayuno. Chasqueó los dedos y la pantalla volvió a encenderse. Dijo “duplicar” en voz alta y manteniendo sus proporciones, esta se dividió en dos. Repitió el procedimiento hasta que fueron cuatro. Utilizando una especie de control remoto invisible en la palma de su mano, sintonizó un canal diferente en cada una. En la primera veía un canal de noticias; en otra, deportes; en la tercera un documento en el que desarrollaba las ideas de su próxima novela y en la última, la imagen de una cámara de seguridad enfocada sobre sus espaldas.

Leyó las últimas líneas que había escrito para recordar exactamente en donde se había quedado. Luego, directamente sobre la mesa, como si tuviera una especie de teclado invisible, comenzó a escribir, vigilando de manera constante la pantalla que reflejaba la imagen de la habitación a sus espaldas.

Al otro lado de la pared, el Doctor Lakowsky le explicaba a sus residentes el interesante caso de este paciente que se movía en una habitación vacía, manipulando todo tipo de objetos inventados por su imaginación. La única mujer del grupo, aún estaba sonrojada por haber visto al paciente desnudo, simulando bañarse en un rincón.

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