IN-JUS-TICIA

¡In-jus-ticia-! ¡In-jus-ticia! ¡In-jus-ticia!

Fue la primera vez que todo el pueblo se unió ante un mismo pedido.
No fue un reclamo por algo que había sucedido, sino un deseo; un pedido por algo que estaba por pasar.

Los primeros en salir a la calle fueron, como casi siempre, los jóvenes, Quienes se sintieron principalmente afectados por la situación. Pero luego, gracias al inmediato reflejo en los canales de noticias, radios y redes sociales, el resto de la población se contagió y también salió a la calle.

Jóvenes, adultos y ancianos. Ricos y pobres. Todos se unieron en el mismo grito. Solo los que por alguna razón “muy importante” no pudieron salir, permanecieron en sus casas siguiendo los eventos a través de los medios de comunicación, que transmitieron los testimonios de ciudadanos de todo el país, quienes expresaban su angustia sin contener las lágrimas.

En cada pueblo, la plaza principal se colmó de gente que hasta ocupó las calles aledañas. Algunos, los más osados, treparon arboles y semáforos para que su voz, desde lo alto, llegase aún más lejos y fuera escuchada por quién debía tomar la decisión más importante del país en mucho tiempo.

El juez, de personalidad implacable, al que le tocó tomar la decisión, construyó su reputación trabajando durante años con honestidad, aplicando las leyes con un gran sentido común. Logró resolver los casos más difíciles y siempre procediendo de manera correcta y justa.

Luego de la gran reforma judicial tan solicitada por la sociedad, en la que fueron destituidos y enjuiciados la mayoría de los jueces, él soportó todas las investigaciones sin que pudieran encontrar nada que manchara su prestigio catapultándose de esta manera, como el paradigma de la justicia del país, aumentando su reputación día tras día.

Reforma judicial que también había pedido el último gran héroe nacional, quien luego de poner su vida en juego en pos de la causa que unió a todo el país, pidió a viva voz, que todo el peso de la justicia cayera sobre él, para de esa manera sentar precedente y dar el ejemplo.

Ningún policía fue a detenerlo. De manera que tuvo que entregarse por su propia cuenta argumentando que si la justicia no funcionaba con él, todo lo que se había conseguido sería en vano.

De traje, pero sin corbata, elegantemente sentado en el banquillo de los acusados, esperó hasta el momento del fallo que definiría su futuro.

En las calles y plazas, grandes pantallas mostraban lo que pasaba dentro de la sala. Al ver ingresar al juez al recinto, el grito nació tímido entre la gente hasta ganar fuerza y adueñarse de cada rincón a donde llegara el sonido.: “¡In-jus-ticia! ¡In-jus-ticia!” Gritó todo el país pidiendo por primera vez que la justicia no fuera ciega y que el correcto e incorruptible juez, dejará por una vez sus principios de lado para hacer una excepción y absolver al acusado.

Horas y horas de hipótesis periodísticas sobre lo que sucedería llegaron a su fin cuando el juez se puso de pie para dar su veredicto.
El pueblo grito aún mas fuerte durante aproximadamente un minuto. Luego, un profundo silencio ganó la calle.

La hora había llegado y nadie quería perderse ningún detalle de lo que el juez empezaba a decir.

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