Jack-Canfield

Jack Canfield es un autor norteamericano que se especializa en temas de motivación y superación personal. Brinda charlas, conferencias y seminarios por todo el mundo y ha escrito y grabado varios libros y audiolibros sobre esta temática. En 2004, junto a otras personalidades, participó de la revolucionaria película El Secreto, en la que se detalla el funcionamiento de Ley de Atracción. Aconsejado por mi amigo Diego de Fontoyo.com, comencé a escuchar sus audiolibros en los cuales, junto a otros conceptos por demás interesantes, pregona la idea de “inclinarse hacia el éxito“.

Explicado con mis palabras “inclinarse hacia el éxito” sería algo así como dar ese pequeño primer paso hacia un objetivo, aunque este aún no esté del todo claro. Soy consciente de que no es una idea nueva o revolucionaria, más bien es bastante vieja y evidente para cualquier persona adulta, pero la forma en que se la escuché desarrollar a Mr. Canfield hace algunos años, provocó que me decidiera a hacer algo que hasta ese momento, tenía postergado.

Cuando habla de “inclinarse hacia el éxito“, de dar ese pequeño primer paso, Jack Canfield no hace referencia a saltar al vacío o a tirarse a la pileta sin saber si está llena, sino de comenzar a hacer aquello que a uno le gusta, sin tener una idea clara sobre a donde se pretende llegar y sin establecer metas demasiado grandes que puedan resultar contraproducentes o que parezcan difíciles de cumplir. El concepto es bastante más amplio y consta de varias etapas interesantes, pero fue esta frase, la de “inclinarse hacia el éxito”, la que me hizo comenzar a trabajar en este blog.

No será esta la primera vez que cuento que escribo desde que era un niño. Comencé escribiendo historietas que yo mismo dibujaba con muy poco talento. Luego fui capaz de desarrollar algunas historias algo más complejas. Escribía también cuando me encontraba agobiado por alguna situación de mi vida y narraba los acontecimientos como si ya hubieran sucedido de la forma en que yo deseaba. Conservo en una caja, cientos de hojas A4 impresas con historias que yo escribí; decenas de cuadernos universitarios llenos de cuentos, textos y pensamientos personales, una “novela” escrita a mano y un guión cinematográfico, mecanografiado con la máquina de escribir de mi familia, pero la mayoría de esos textos jamás vio, ni verá la luz.

El dominio de este sitio lo tenía registrado desde hacía años, sin tener la menor idea de para que utilizarlo. Dediqué varias horas a leer, corregir, reescribir y descartar algunos de los textos olvidados en esa caja y aquellos que pasaron la selección, fueron publicados junto a otros, nuevos, escritos especialmente con ese fin, en este blog. En la actualidad, mis textos ya no permanecen abandonados adentro de una caja, sino que están a la vista de cualquier persona que se tope con ellos y que tenga la predisposición de tomarse algunos minutos para leerlos. Imagino que habrá gente a la que le gustarán y volverá para leer más y otros, que huirán desesperadamente en busca de una pluma algo más profesional.

Escribo responsablemente. Lo hago con seriedad, aunque lo que este escribiendo sea una pelotudez. Escribo para mí, lo que yo tengo ganas de escribir, lo que me sale o lo que necesito, pero sabiendo que una vez publicado, ese texto quedará ahí para siempre (o hasta que internet colapse a nivel global). Mientras tanto, mi esposa y mi madre me leen siempre; mis tíos, amigos y familiares lo hacen cuando pueden y de tanto en tanto, algún lector desprevenido, aparece en el blog, deja su comentario y comparte un texto en alguna red social, dando verdadero sentido al tiempo y al esfuerzo realizado para escribirlo y reafirmando la idea de inclinarse hacia el éxito.

Intento escribir de manera profesional aunque lo esté haciendo en el subte, en el colectivo o simplemente en el baño de casa. No solo por los pocos lectores que tengo actualmente, sino porque mis textos quedaran online hasta que la tecnología lo disponga y quizás, cuando yo ya no esté en este planeta, algun familiar que no me haya conocido, tenga la posibilidad de leer uno de mis textos y esbozar una sonrisa o derramar una lágrima con el. Tal vez dentro de cien años, nuevos desconocidos vuelvan a toparse con este blog y al leer alguno de mis textos, sientan la necesidad de compartirlo en una nueva red social.

Cada texto que escribo, corrijo y reescribo deja de pertenecerme en el preciso momento en que le doy click a la tecla “publicar” de mi WordPress para pasar a ser propiedad de cualquier lector que se tope con ellos, los cuales, poco a poco, día tras día, texto tras texto e inesperadamente, se están incrementando y es justo reconocer que nada de lo que ha pasado o pasará con este blog, hubiera sucedido si hace algunos meses atrás, no me hubiera inclinado hacia el éxito.

NOTA: Este texto es el número 100 de este blog y según dice Jack Canfield, es hora de soltar los frenos.

image

¿Qué te pareció este texto?

Comentario