La mierda de las redes sociales

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Leo, desde mi celular, que Facebook compró Whatsapp en una suma billonaria de dólares y el primer comentario que me llama la atención en Twitter, es uno que se sorprende de que Whatsapp, sea más caro que YPF. No entiendo bien cuál es la sorpresa. En pleno siglo XXI, que se pague más por una empresa tecnológica que por una petrolera del siglo pasado no me parece extraño. A continuación, leo una serie de twits conspirativos en los que atacan al sistema de mensajería por haber vendido sus datos a Marck Zuckerberg, de quien estamos más que seguros que trabaja para el FBI, la CIA y cualquier otro organismo de inteligencia norteamericano.

Reflexiono un instante sobre si las personas que se quejan por la pérdida de su privacidad, son las mismas que, de manera constante, suben a las diferentes redes sociales las fotos de sus vacaciones, de sus reuniones, de su esposa en bikini y de sus hijos en malla; de su nuevo auto y de la fecha en que le entregan el departamento que compraron con un crédito del banco ciudad. No me tomo más de un minuto para pensar en esto porque ya tengo que irme al trabajo y porque no resulta del todo cómodo pensar profundamente en algo con el bidet haciéndome cosquillas por detrás. Me lavo las manos y corro para no llegar tarde.

Podemos hacernos los desentendidos, pero todos sabemos que la gran mayoría de los mensajes publicados en Facebook, Twitter o en cualquier otra red social, son redactados mientras estamos cagando. Es así. Como ya dijo Patricio Rey: “El fututo llego hace rato”, y lo hizo en forma de smartphone o tablet.

Cuando era niño, tenía la ilusión de, algún día,  ser lo suficientemente rico como para tener un televisor en el baño y no tener que perderme mi programa favorito al momento de hacer caca. Actualmente ni soy rico, ni tengo tv en el baño, pero no me importa. Sentado en el trono, con mi teléfono, puedo ver un capitulo de House of Cards en Netflix, un video de Soy Germán en Youtube, leer a la Dra. Pignata en Twitter o ver las fotos que La Cosa Cine publica en Facebook.

Tiempo atrás, acostumbrábamos ir al baño con alguna novela, una revista de crucigramas o el diario del domingo. Los menos cultos, quizás iban con la revista Viva y yo he llegado a utilizar a Mafalda, Isidoro y hasta alguna historieta como Savarese y D’artagnan al momento de sentarme en el inodoro. En mi casa nunca sucedió, pero en baños ajenos he llegado a ver aquel viejo y querido Tetris de infinitos niveles, ubicado estratégicamente a un lado del inodoro.

Esto me hace pensar que no es reciente el avance de la tecnología en el cuarto de baño. Recuerdo que mis amigos más adinerados, contaban que iban al baño con su Gameboy en la mano y que los padres tenían que obligarlos a salir del cuarto. El Nokia 1100 (uno de los mejores teléfonos celulares de la historia), traía el adictivo juego de la vivorita que se iba alargando a si misma, luego Angry Birds y más tarde el Candy Crush, fueron ganando terreno en el baño actual. El baño y la tecnología están íntimamente ligados. ¿Quién se atrevería a negar, que mientras se encuentra haciendo sus necesidades más asquerosas, no se toma la libertad de comentar el estado de un amigo en Facebook, o de favear algún twit ingenioso? Las redes sociales han llegado al baño para quedarse y como valor añadido a la incursión de Facebook, Twitter y otras redes en el cuarto de baño, se puede mencionar una mejoría general en la salud de la población.

Hemos visto en en televisión, desde principios del 2000, decenas de propagandas sobre transito lento, yogures que favorecen a la flora intestinal y detalladas explicaciones de cómo afecta estar seco de vientre al humor de las mujeres. (¿Se dieron cuenta que según la TV, solo las mujeres tienen problemas para hacer caca?). Desde que los dispositivos celulares nos acompañan al momento de mover el vientre, las personas ya no estamos tan apuradas por salir del baño. Yo era uno de los tantos que no encontraba tiempo para sentarse tranquilo a “meditar” (como decía Olmedo). Por la mañana, se me hacía tarde para ir a trabajar, por la noche, estaba demasiado cansado; durante el día, estaba tan apurado que me sentaba y hacía solo lo que estaba más accesible y dejaba el resto para una próxima vez.

Las redes sociales cambiaron mi vida. Ahora puedo sentarme tranquilo y evitar la sensación de estar perdiendo el tiempo ya que mientras mi vientre se mueve, puedo interactuar con familiares y amigos, leer las últimas publicaciones en Twitter y hasta me puedo dar el lujo de redactar un artículo como este, utilizando la excelente aplicación para Android de WordPress.

Podría seguir detallando durante algunos párrafos más, los beneficios que representan las redes sociales a la hora de estar encerrado en el baño, pero voy a tener que darle un cierre a este artículo sin arribar a ninguna conclusión, porque mi hijo más pequeño me está golpeando la puerta y yo todavía tengo que lavarme las manos.

cagando

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Readers Comments (2)

  1. Muy bueno, a que no adivinas donde lo leí ja ja

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