En ocasiones es un defecto y en otras, una sana costumbre.

No puedo evitar llegar siempre tarde a donde tenga que ir. Por más que me esfuerce y programe las alarmas con anticipación o tenga mi reloj unos cinco minutos adelantados a la hora oficial, siempre llego tarde.

Lo hacía en la primaria, seguí haciéndolo en la secundaria. Llegué tarde a mi primer beso, al sexo, a mi primera novia. Llegué tarde a la madurez.

Por mas que me insistieron y obligaron, recién tuve mi primer trabajo formal a los 26 años. Hasta ese momento no sabía lo que era cumplir un horario, obedecer ordenes, levantarme todos los días temprano… Pero tampoco sabía lo que era tener un ingreso fijo, o mejor dicho: tener un ingreso.

Se podría decir que salí de una pseudoindigencia a los 26 y también, que gracias al sueldo de mi primer trabajo, pude formar una familia a esa edad. A esa altura ya tenía una cuenta de mail, la cual también había abierto bastante más tarde que mis amigos.

Cuando todos me insistían en que me abra una cuenta de mail y msn para chatear, yo me negaba. Prefería el trato personal. Cuando me decían que vaya a un ciber de vez en cuando a navegar por internet, yo me quedaba en casa leyendo, escuchando música y mirando la tele. Finalmente me abrí el msn, cuando todos usaban FACEBOOK. Me abrí una cuenta de FACEBOOK, cuando todos ya se habían pasado a TWITTER.

Eso si, fui uno de los primeros en abrirme una cuenta de GOOGLE+.

Estando ya en pareja, me compré un reproductor de DVD y descubrí que había llegado tarde a Lost y a Dr. House. Tuve que ver varias temporadas juntas para ponerme al día.

En cuestión de series, llegué temprano a Flashforward, pero la levantaron a los diez capítulos.

Llegué tarde a Google, Youtube y a muchas otras paginas. Llegué tarde a los blogs (el mío me lo abrí recién a fines del año pasado).

Me compré mi primer auto a los treinta y tres años. No sería tan grave, si no fuera porque también aprendí a manejar a los treinta y tres (tardísimo).

Con ese auto (y mi vieja al volante) junto a mi esposa, mi hijo menor y mi ya mencionada madre, nos dimos una vuelta esta noche por el bar Orsai, para que un simpático muchacho mercedino, radicado en España, se tomara la molestia de firmarnos mi revista y el libro de mi mamá. No hace falta aclarar que también llegué tarde a Orsai. Esta es mi primer revista y mi primera asistencia a una presentación en Orsai. Pero puedo asegurar que no será la última.

Más vale llegar tarde, a no llegar nunca.