Maestras de la vida

En el día del maestro, se me ocurrió ponerme a pensar en esos niños que se enamoran de sus maestras. Algo que nunca me pasó -a pesar de haber tenido muy buena relación con algunas de ellas- y que no conozco a nadie a quien le haya pasado. Supongo que eso de enamorarse de las maestras es una idealización, una mentira más igual que la del complejo de Edipo.

¿A quién se le ocurre que un niño de ocho, nueve o diez años puede llegar a “enamorarse”? ¿Y de una maestra? ¡Pero por favor..!

Además, cuando sucede al revés es una perversión. Si un niño le envía cartas de amor a su maestra, es tierno. Pero si ella lo llegara a corresponder (como en algunas ocasiones ha sucedido), sería ferozmente perseguida por la inquisición. Soy padre de dos hijos y si llegara a enterarme que alguno de ellos se enamoró de su maestra, me preocuparía por obligarlo a reprimir esos sentimientos a cualquier precio.

A la maestra se la debe odiar. Hay que hacerle la vida imposible, inventar historias perversas sobre ella y obligarla a dudar sobre haber elegido la carrera adecuada. Mi maestra de segundo grado fue la seño Susana. Varios años después, cuando yo fui profesor de artes marciales en ese mismo establecimiento, me la crucé en un pasillo y luego de preguntarle cómo estaba me respondió: “No veo la hora de que termine el año”.

Nota: era el segundo día del ciclo lectivo. ¡Eso es una verdadera maestra!

Volviendo al tema en cuestión, los enamoramientos con las maestras se vuelven más difíciles durante la secundaria. Hay demasiadas hormonas dando vuelta y algunas docentes, jóvenes y recién recibidas, se abusan del poder que bien saben, ejercen sobre los alumnos, aunque esto no haga más que alentar la perversión adolescente, sin generar ningún cambio en los hábitos escolares de sus estudiantes. ¡Malas!

Entrando en la adultez, noté que muchas maestras jardineras eran hermosas. Pero es necesario diferenciar a las maestras de jardín, de las de primaria. Estas últimas parecen más viejas y aburridas, mientras que las primeras despilfarran energía. Cantan, bailan y hablan ante padres y alumnos con una importante connotación sexual. Una de mis metas, durante esos años, fue levantarme a una maestra jardinera.

Hay que ser justos con algunas maestras de la primaria. Además de las viejas, feas y aburridas, hay algunas, generalmente jovencitas, recién recibidas o con hijos chicos, que a más de un padre le quitan el sueño. Hacen que los papas (en masculino), se alegren cuando hay reunión, que nunca falten a los actos y que se interesen y participen en la elección del regalo por su día. Algunos hasta tienen el descaro de llorar en la fiesta de fin de año. No de emoción, sino de angustia porque al año siguiente a sus hijos les tocará cursar con la maestra más vieja de la escuela.

De niño nunca me enamoré de una maestra y de joven me hubiera gustado levantarme a una maestra jardinera o de primaria linda… Y lo hice.

Sorpréndase ahora el lector desprevenido de que no estoy mintiendo ni exagerando. Debo confesar que en mi vida, seduje tanto a una joven maestra jardinera como a una hermosa maestra de primaria. Estuve con las dos al mismo tiempo y pasé hermosos momentos. Me reconforta saber que los seguiré pasando, según hemos prometido, hasta que la muerte nos separe.

Incluso cuando ella se convierta en una maestra vieja, fea y aburrida.

 

Foto antigua3

 

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Comentario

Readers Comments (1)

  1. Muy cierto!!!! El segundo día de clases es catastrófico!!! =)

    Me encanto… =) =)

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