Me chupa un huevo

Finalmente, y luego de una larga espera, la corte suprema de justicia dictaminó que los cuatro puntos cuestionados por el grupo Clarín sobre la ley de servicios audiovisuales, son constitucionales obligando así, al grupo, a desprenderse de algunas de sus empresas. Fueron cuatro largos años de idas y vueltas judiciales; lobbys a diestra y siniestra, golpes y contragolpes en los medios de comunicación, tanto afines como contrarios al gobierno. Cuatro largos años durante los cuales, los espectadores televisivos, oyentes de radio y lectores de diarios (digitales y en papel), desperdiciamos valiosas horas de nuestras vidas escuchando, leyendo y viendo a especialistas explicar los pro y los contras de dicha ley; políticos y gobernantes justificando su apoyo o rechazo a la misma y de la presidenta misma peleándose con periodistas y jueces en pos de defender la puesta en vigencia de la famosa ley.

Después de haber consumido todo tipo de informes, noticias, conclusiones y descripciones de esta ley puedo, de una vez por todas y sin temor a equivocarme, dar mi opinión sobre la ley de medios y es la siguiente: la ley de medios me chupa un huevo.

Esta mañana, al despertar, y habiendo leído por la noche, justo antes de irme a la cama, diferentes opiniones sobre el caso, me levanté con la idea de que mi vida y la de tantos otros argentinos, no había cambiado desde que esta ley fue aprobada y declarada constitucional en su totalidad. Al subir al auto junto a mi familia, dispuestos a defender el cero en nuestro arco durante todo el día, noté que seguíamos estando solos; que nada había cambiado; que solo contábamos con nuestro mutuo apoyo y que para colmo, debíamos separarnos para afrontar el match de la vida de manera individual y volver reunirnos en casa recién durante la cena.

Camino a nuestros trabajos, al pasar por un hospital publico, vimos decenas de personas haciendo cola -vaya a saber desde que hora- para conseguir un turno con su medico, quien seguramente le indicará algunos estudios para los que deberá conseguir otro turno que, probablemente, le den para cuando su dolencia, con algo de suerte, haya desaparecido. Por las calles pudimos ver algunas chicas jóvenes que, se me ocurrió, podrían estar yendo a su primer entrevista laboral, sin saber si su entrevistador será o no un asesino.  También notamos a las adolescentes, que evidentemente se dirigían a educación física, dudando si el portero las estaría esperando al regresar para abrirle la puerta del edificio o para otra cosa. En Once, contra todo pronostico, cientos de personas que bajaban del Sarmiento, corrían a su trabajo agradeciendo que, en esta ocasión, el tren halla frenado correctamente. Estoy casi seguro de que a todas estas personas, como a mi, la ley de medios nos chupa un huevo.

A pesar de que prestigiosos periodistas se empeñen en explicarnos porque la ley de medios es importante para nuestra vida y dediquen horas y horas a justificar sus posturas, no han logrado llamar mi atención. Bajo el volumen, cambio de canal, cierro el portal de noticias y abro Poringa!, cada vez que un periodista, opositor u oficialista, comienza con su perorata sobre la bendita ley. Prefiero utilizar ese tiempo en interiorizarme sobre cualquier tema que tenga significativa importancia para mi vida y si no lo encuentro, me dedico al ocio creativo. No me importa Clarín ni sus intereses. No me importa las motivaciones del gobierno para promover la ley. No me interesan los argumentos de la corte para declararla constitucional, ni escuchar a Sabatella teniendo un orgasmo frente a la televisión. Me importa llegar a fin de mes; volver a casa tranquilo por la noche; que no se corte la luz en verano; que no se corte el gas en invierno; que luego de la adecuación, Fibertel y Cablevisión, funcionen tan bien como hasta el momento porque ya probé Telecentro; que Clarín siga publicando la Tiki Tiki porque sino, no se que explicación le daré a mi hijo mayor; que contraten correctores para revisar la ortografia del portal del gran diario argentino porque ultimamente deja mucho que desear, que Sabella convoque a Tevez, que Argentina salga campeón en Brasil y que Racing gane el fin de semana.

Porque para colmo de males soy hincha de La Acade’, aunque intento no perderme ningún River-Boca. La pasión en la tribuna, los exabruptos de los directores técnicos, algunas jugadas lindas, una patadita mas linda aún, los goles, los festejos y el final del partido. Un vencedor y un derrotado. Es hermoso ver el rostro dolorido de los perdedores y el festejo desmedido de quienes ganaron. Quizas alguna pelea después del pitido final para que el espectáculo sea completo, pero después hay que volver a la realidad y recordar que ese partido, nada tiene que ver con nosotros. Lo mismo pasa con la sanción de esta ley. La pelea fue de ellos, no mía; y aunque esta claro que hubo un ganador y un perdedor, mañana debo levantarme para ganar mi partido y espero, después de cuatro años, que los periodistas, los políticos, los gobernantes y todos los que se cansaron de llenar minutos de radio, tv, diarios y portales, vuelvan a hablar de lo que realmente nos interesa a todos… y a todas.

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Comentario

Readers Comments (2)

  1. Laurabuela 31/10/2013 @ 21:30

    Muy real, somos varios a los que NOS CHUPA UN HUEVO!!!!!!!!!!!!!!!!!

  2. Tal cual!!!!!!!! =)

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