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Llegaron quince minutos antes de la hora pactada. Un extenso jardín lleno de plantas y flores de todos los colores los acompañó hasta la puerta de entrada. Atravesaron el angosto camino tomados de la mano y en silencio, sabiendo que podía ser un día muy especial en su vida. Quizás, el más importante de todos.

Antes de llegar a la puerta, ésta se abrió y desde adentro se asomó un hombre mayor vestido con una túnica blanca que le llegaba hasta los tobillos. Amigablemente los invitó a pasar y les indicó el cuarto donde deberían cambiarse. Se pusieron su toga directámente sobre la ropa interior y a pesar de su juventud y de cuanto se atraían, ningún pensamiento libidinoso se cruzó por su cabeza mientras se desnudaban

Salieron de la habitación y se juntaron con el resto de la concurrencia alrededor de una mesa sobre la cual había todo tipo de semillas, granos, frutas y jarras con distintos jugos de fruta recién exprimidos.

Mientras bebía un jugo de manzana, Andrés observaba conversar a su esposa con el hombre que les había abierto la puerta. Recordába la forma en que ellos dos se habían conocido y como, después de unos pocos meses de noviazgo, ella había decidído acompañarlo en su busqueda espiritual.

Por ese entónces, Andrés asistía a reuniones entre vegetarianos y conferencias sobre espiritualidad, yoga y meditación de las cuales comenzó a participar también Ludmila. A medida que compartían lecturas, conferencias y meditaciones, su amor se fue consolidando, convirtiendose ambos en una pareja perfecta.

Cuando se unieron a un grupo de Yoga, fue ella la que insistió en que Andrés debía capacitarse para ser instructor y él, así lo hizo. Sus clases fueron un éxito y rápidamente tuvo que agregar nuevos horarios para cubrir la demanda.

Según decían sus alumnos, Andrés tenía un carisma especial y transmitía una paz que contagiaba a todos los participantes. Fue al final de una clase, mientras compartían un té verde con los asistentes, que escucharon hablar por primera vez sobre Elena.

La rastrearon de todas las formas posibles hasta que dieron con ella. No fue fácil, pero al hacerlo, la reputación de Andrés les permitió conocerla personalmente. Algo que muy pocas personas lograban.

Elena era una señora mayor que a simple vista no parecía tener nada especial. Según se decía, tres veces por semana era visitada por un espíritu que se apoderaba de su cuerpo y lo usaba para transmitir por medio de éste, distintos conceptos sobre espiritualidad, amor y fe. En consecuencia, Elena recibía a unas pocas personas con las que el ente conversaba y respondía una por una sus consultas. También habia publicado ya el primer libro basado en los conceptos vertidos durante la posesión, el cual era un suceso de ventas.

Este ser especial, disfrutaba del éxito y de la repercusión obtenida, ya que según decía, había sido enviado aquí, para ayudar a la humanidad a progresar espiritualmente y mientras más personas escucharan o leyeran sus palabras, mas lejos llegarían estas.

La reunión a la que habían sido convocados en esta ocasión, se debía a que el cuerpo de Elena, ya estaba demasiado viejo y no podía seguir soportando el esfuerzo físico que le demandaba el trance, por lo que ella misma se había ocupado de seleccionar a un número de seguidores considerados dignos de convertirse en los nuevos intermediarios del espíritu, quién a su vez, sería el encargado de elegir el alma más pura de todas las ahí reunidas, para unirse con ella y continuar así su obra.

Antes de comenzar la sesión, Elena se tomó el tiempo para saludar uno por uno a todos los asistentes, los cuales, en su mayoría, lloraron al hacerlo. Ya les había anticipado, que en el mismo momento en que este ser abandonara su cuerpo, su alma también lo haría, siendo ese el último instánte de su tan larga vida. A pesar de eso, ella no sentía tristeza de morir, sino satisfacción por haber cumplido su misión en este mundo.

Cuando llegó el momento de saludar, ellos a su anfitriona, ambos notaron que Elena se detenía un instánte mas que con los demas para hacerlo. Tomó las manos de ambos al mismo tiempo y las beso. Luego las posó sobre su pecho y cerró los ojos como si estuviera orando. Antes de continuar con los saludos les dirigió una mirada que solo podia significar una cosa: el elegido era uno de ellos dos.

Ninguno dijo nada. Nisiquiera se miraron. Entraron a la habitación tomados fuertemente de la mano y se sentaron junto con los demás alrededor de una especie de altar ubicado en el piso, en donde se recostó Elena. Formando un circulo, todos los asistentes se tomaron de la mano y cerraron los ojos. Elena también lo hizo y junto con ella, todos se unieron en una respiración lenta y pausada en el mayor de los silencios.

Menos de un minuto pasó hasta que Elena dejó de respirar para siempre. Tanto su alma como el espíritu habian abandonado el cuerpo que ahora permanecía inerte sobre el altar. Todos sintieron la presencia del ente pululando por la habitación y segundos después, Andres notó que Ludmila soltaba su mano lentamente.

Al abrir los ojos la vio de pie a su lado e inmediatamente comprendió que era lo que estaba sucediendo. El espíritu comenzó a hablar a través de ella y sus primeras palabras fueron en agradecimiento a Elena por haberle prestado su cuerpo durante todo ese tiempo.

Andrés observó a su esposa de pie, siendo escuchada por todos los demás y no pudo creerlo. Habían recorrido mucho camimo juntos. Él la había ayudado a formarse como vegetariana; la introdujo en sus primeros conceptos espirituales y hasta la inició en su primera meditación. Había sido su mejor alumna, además de su novia, su amante y su amor.

Ahora ella era la elegida para seguir con la obra de Elena y desde su punto de vista, eso era una injusticia.

Fama, respeto, dinero y admiración eran algunas de la cosas que le esperaban a Ludmila y todo era gracias a él. Él era el espiritual, el puro, el respetado.

Él debía haber sido el elegido, no ella.

Ludmila no notó cuando su marido salió de la habitación envuelto en colera porque no estaba consciente. Era el espíritu quién controlaba su cuerpo hablando a sus seguidores sobre el amor. Tampoco lo vio volver a entrar al cuarto, ni observó la cuchilla con restos de kiwi que traía en su mano, pero si sintió el dolor en el momento en que la hoja penetró en el medio de su pecho poniendo fin a su vida y a la experiencia mas importante que le había tocado vivir.

En el último momento de lucidez, ya abandonada por el espíritu y recostada en el piso con su blanca túnica teñida de rojo por la sangre que brotaba desde su interior, Ludmila observó el rostro enajenado de su marido y le preguntó por qué.

Andrés no respondió. En silencio embistió contra ella dándole varias puñaladas más, de las cuales Ludmila, solo llegó a sentir las dos primeras.

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Comentario

Readers Comments (5)

  1. Laurabuela 18/04/2013 @ 23:27

    Muy duro…..

  2. Ya te tengo miedo…

  3. Como estamos…

  4. Conclusión: Si te haces vegetariano, te morís!!!

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