Desde aquel viejo y querido personaje de Mafalda llamado Miguelito, hasta el legendario Ché Guevara. Pasando incluso por el querido Homero Simpson, muchos de nosotros hemos soñado con mantenernos fuera del sistema.

Pero quisiera analizar este razonamiento más en profundidad: ¿Que es el sistema?

Tomate treinta segundos para pensar e intenta responder en dos o tres palabras.

¿Qué es el sistema?

¿No es tan fácil verdad?
Entonces vamos por el principio.
Sin buscar una descripción exacta de lo que es el sistema, podríamos decir que “el sistema”, reúne muchas cualidades de las cuales no gustaría mantenernos al margen a lo largo de nuestra vida.

Este sistema del cual intentamos alejarnos cada día, es aquel que nos obliga a vivir siguiendo una doctrina que muchas veces no tiene nada que ver con lo que nosotros queremos.
Marca pautas muy firmes, las cuales se deben cumplir a rajatabla para poder encajar en este tipo de sociedad.

Para no ingresar en él, se  debemos manifestar una resistencia muy intensa para poder sobrellevar todo lo que implica enfrentar al sistema y junto con él, a toda una sociedad sistematizada.

Esta resistencia, puede observarse en su máxima expresión durante la adolescencia, aunque en algunos casos (como en el mío), continúa también durante la madurez.

Mientras fui joven hice todo lo que tenía a mi alcance para mantenerme al margen de él, midiendo milimétricamente cada paso, para que ninguno de ellos me acercara al temido enemigo.

Debido a mi conducta, me enfrenté con familiares y amigos quienes no aceptaban ni comprendían mi estilo de vida.

Esos fueron algunos de los mejores años de mi vida, durante los cuales pude recolectar experiencias inolvidables que me acompañaran hasta el último de mis días.

Aunque también tuve que hacer sacrificios que de alguna forma jugaron en contra de mi salud. Por aquella época, en más de una noche, tuve que resignar algún plato de comida, por no haber conseguido el dinero para cocinarlo, o también caminar durante varios años y cuadras con la suela de la zapatilla rota.

Más adelante, cuando ese camino me llevo a formar una familia, la perspectiva cambio radicalmente.

Buscando una forma de sostener mi familia, me encontré, casi sin darme cuenta, rogando por ingresar al maldito sistema. Aunque ya era un adulto, para el mercado laboral, yo era igual a un niño recién salido de la secundaria debido a que siempre había huido de los trabajos permanentes. No tenía antigüedad en ningún trabajo ni experiencia comprobable para rellenar un currículum. Por lo que tuve que comenzar desde último eslabón en la cadena laboral, pero con veintitantos años.

Una vez ahí, conocí gente que había estado toda su vida dentro del sistema, pero que de alguna u otra forma, se mantenían al margen de él. Vivian sistematizados, pero realizaban alguna actividad algo mas transgresora, la cual por algunos instantes, les permitía olvidarse de  su rutina diaria. Algunos tocaban la guitarra solo por tocar, otros jugaban a la pelota los fines de semana. Había algunos que incluso se daban el lujo de estar con dos o tres mujeres al mismo tiempo, a pesar de tener una familia ya constituida.

Yo veía como esas personas, vivían en una ilusión en la que parecía que podían  improvisar en su vida a pesar de estar sistematizados y cumplir ciertas pautas. Aunque no quedaba en claro si la ilusión era la vida real o esa vida paralela que llevaban.

En aquel momento se me ocurrió trazar un paralelo con MATRIX.

En la película conviven tres tipos de personas:
-Los que no saben que están dormidos y todo es un sueño.
-Los nativos de Sion, que luchan contra la MATRIX desde afuera, pasando frío y hambre.
-Y los que desde adentro luchan contra el sistema y sus agentes.

Entonces le dije a mi mujer: “Yo voy a hacer como Neo, voy a entrar al sistema y destruirlo desde adentro”

Aún recuerdo su mirada de compasión hacia mí. También ese gesto en su boca en el que pude notar que contenía sus ganas de mandarme a cagar.

Y así sigo hasta hoy en día. Con un pie adentro y otro fuera del sistema.

Entrando y saliendo de él, a conveniencia. Aunque a veces no se entiende si es a conveniencia mía o de él.

En más de una ocasión. Puedo percibir el temor en mi mujer, cada vez que junto con un mate le digo algo así como: “Estaba pensando que…”

Ella sabe que voy a patear el tablero nuevamente. Que siento que el sistema está a punto de ganarme y que ya es hora de demostrarle que más de ahí no va a poder llegar.

Si Jerry MacGuire pudo agarrar a Flipper a Renee Zelwegger y empezar desde cero; ¿Cómo no voy a poder yo?

Entonces, a todo volumen  escucho Free Falling de Tom Petty y empiezo de cero… Nuevamente.

Un nuevo comienzo. La incertidumbre del día después.

Y otra vez, durante un instante, vuelvo a sentirme un adolescente y a reírme del sistema y de sus tontas trampas que vuelvo a esquivar.

Me rio de aquellos que aún están dentro de él y que no se animan a saltar conmigo. Ellos me miran, pero no me entienden. Ellos creen que estoy loco.

Y me lamento de aquellos que, estando completamente sistematizados, no pueden ver que hay vida fuera de él.

Pero quien más se ríe es mi enemigo de toda la vida. Mi gran rival.

El sistema sonríe irónicamente mientras me ve salir. Se ríe porque sabe lo que pasará. Sabe que en poco tiempo volveré a él, que le pediré por favor que me deje entrar y que a pesar de hacerse rogar me abrirá la puerta; la chiquita, la de atrás. Y que me verá atravesarla con la cabeza gacha nuevamente.

“Hasta pronto” susurra en mi cabeza mientras me ve salir.

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