Mi viejo, el gran pez

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Esta semana se terminó de escribir la última página de la vida de mi viejo. El último capitulo duró un mes y fue terriblemente duro. Terminó con épica, librando una última batalla que todos sabíamos que no podría ganar. Nosotros lo sabíamos, los médicos también, evidentemente él pensaba diferente y no estaba dispuesto a bajar los brazos.

Este último capitulo fue muy emotivo. Uno de esos en los que aunque ya se sepa como va a terminar la historia, no se pueden dejar de leer. Fiel a su estilo de vida, mi viejo se negó a hacerle caso a los médicos y decidió apagarse cuando él estuvo listo para hacerlo y no cuando ellos decían que le correspondía.

El último capitulo ya está escrito y con él ha concluido la historia oficial. Todo lo que se cuente ahora serán ediciones revisadas por otros, puntos de vista de protagonistas que contaremos nuestra reducida versión de la misma historia aumentando aún más su leyenda.

La vida de mi viejo se puede resumir en anecdotas de todo tipo que hoy deben estar siendo contadas en distintos rincones de nuestro país. Anecdotas que no siempre fueron fáciles de creer para nosotros, pero que más tarde que temprano, alguna persona venía a confirmar aunque quizás, no de la misma forma en la que él las narraba.

Sus historias estaban repletas de detalles exagerados, de colores y olores que complementaban las anecdotas y las hacían aún más graciosas. Muchos de estos detalles eran falsos, pero algunos, por lo general los más insolitos, terminaban siendo ciertos. Fue por eso que cuando Tim Burton estrenó su película El Gran Pez, todos, incluso mi padre, disfrutamos al encontrar similitudes entre él y el personaje principal de esa historia.

“Cuentame como ocurre… Cuentame como me marcho” le pide a su hijo durante los últimos minutos de la película y éste se ve obligado a, por primera vez, inventar una historia que su padre nunca le contó. La forma en que mi padre se despidió de nosotros tienen mucha similitudes a las de esta película. Internado en una clínica, disimulando las molestías que debía sentir, comunicandose con gestos, indicando con su pulgar hacia arriba o hacia abajo para hacernos saber como se sentía y pidiéndonos con el indice que nos retiráramos cuando ya no estaba de humor para soportar nuestras charlas intrascendentes.

Haberlo acompañado hasta casi el último instante de su vida, se asemeja bastante a la forma en que El Gran Pez se despide de su familia aunque no se preocupen, no estoy tan loco como para no diferenciar la realidad de la ficción. Sin embargo, como les decía al principio, ahora somos nosotros los encargados de contar su historia, de condimentarla con detalles que no necesariamente tengan que ser ciertos, sin olvidar que algunos, quizás los que parezcan más insolitos, deben ser reales y confirmados por un tercero en algún momento de la vida.

“No conozco esa historia, nunca me la has contado.” le responde el hijo pero luego comienza a narrar una maravillosa historia, mejor quizás de las que su padre le contaba para que éste, finalmente muera en paz. Así se fue mi padre, con importantes planes para su futuro, con muchas cosas por hacer y con muchísimos sueños por cumplir pero con tantos otros ya cumplidos. Trabajando hasta el último día en que lo pudo hacer y planificando lo que quería hacer a lo largo de lo que le quedaba de vida.

Ahora su historia será contada por otros. Seremos los testigos de su vida los encargados de contar esta historia que tuvimos el placer de coprotagonizar. Las diferencias entre su vida real y la ficción de Tim Burton son muchas pero no demasiadas. Entre tantas coincidencias, ambas incluyen un episodio bélico. La historia de mi padre se cuenta a su manera y es de esta manera como yo elijo recordorla.

Esta es la historia de la vida de mi padre. Esta es la historia de la vida de El Gran Pez.

 

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