Papa Para Todos

Aunque la televisión por cable hubiera existido durante mi infancia, en casa no la hubieramos aprovechado porque ni siquiera teníamos un televisor a color. Un Hitachi de 16 pulgadas era nuestra compañía durante la cena. Al girar la perilla para encenderlo un pequeña luz blanca se expandía desde el centro de la pantalla hacia los extremos llenando la pantalla de imágenes que llegaban desde la antena la cual previamente debíamos desplegar y amenazaba con arrancarle un ojo a cualquiera que pasara distraído a su lado. Para cambiar de canal teníamos que girar una perilla bastante dura, con tope en cada número, y había que aplicar la fuerza justa para vencer el tope y no pasar dos o tres canales seguidos. Un “Tac” muy fuerte acompañaba cada cambio de frecuencia.

En ese televisor ni siquiera teníamos los cinco canales de la Capital, porque vivíamos en Azul y sólo recibiamos dos señales locales. Una era la repetidora del Canal 9 de Romay, la otra no la recuerdo. De todo lo que veíamos solo logro acordarme de dos cosas: los miércoles o jueves por la noche nos sentabamos a mirar la Botica de Tango del Gordo Bergara Leuman y los Domingos a la mañana, la misa de Juan Pablo II en el Vaticano.

Yo no tenía mas de cinco años y aburrido frente al televisor observaba la densa ceremonia de ese Papa con cara de bueno. Para mí el Papa, era EL PAPA. Sobre todo cuando me explicaron que era el representante de Dios en la tierra. El Papa era una especie de Superman pero real. O mejor dicho de Batman porque hasta se desplazaba en el Papa Móvil.

Cuando Mehmet Ali Ağca disparó cuatro veces contra el Santo Pontífice y fue apresado, le pregunté a mi mamá por qué si había sido perdonado por el Papa seguía preso. Me dio una explicación convincente de las diferencias entre la religión y la justicia, la cuales se derrumbaron cuando el villano fue indultado por el presidente italiano.

También le consulté a mi madre por qué cuando el Papa hablaba no se transmitía por cadena nacional como cuando lo hacia el presidente. Esa respuesta no me convenció tanto como la anterior. ¿Acaso el Papa no era el representante de Dios?

Muchos, pero mucho años después Juan Pablo II falleció y el mundo entero fue testigo de un momento histórico: el conclave, el humo blanco, el habemus papam. Lo vi desde la ventana de mi cuarto, escuchando sonar las campanas de la iglesia del barrio.

El niño que yo ya no era, comprendió que el Papa no era eterno y que iba a haber por primera vez en su vida OTRO Papa. Hasta ahí yo creía que el Papa era uno solo.

Benedicto pasó intrascendente en mi vida que ya se había encontrado con la televisión por cable e internet. Después de su asunción no seguí absolutamnte.ninguna noticia de su gestión hasta hace unos días atrás cuando se conoció la noticia de su renuncia.

Inmerso en mi vertigínosa rutina, casi no pude ver nada del conclave. Ni siquiera llegué a ver el humo blanco. Mientras manejaba me enteré por mensaje de texto de que habían elegido al nuevo Papa y llegué a casa justo para encender la tele y ver el epigrafe que decia que el nuevo Papa era argentino. Quedé impáctado.

Cuando mencionan al Papa, en mi cabeza todavía aparece la imágen de Juan Pablo II. Esa especie de superhumano que entró a la fuerza en mi cabeza durante las misas televisadas en el Hitachi blanco y negro durante mis domingos de niño.

-¡Un argentino!- le grité a mi señora, quién vino corriendo segundos antes de que Jorge Bergoglio apareciera frente a la pantalla. Allí estaba el nuevo Papa. El niño que ya no soy no logra darle dimensión a la noticia. El Papa es argentino como vos y como yo. A pesar de todo lo leído y escuchado desde ese momento no logro ni creo necesario tomar partido, pero no dejo de pensar que JAMÁS imágine que el Papa podía llegar a ser del mismo país que yo. Jamás.

El niño que ya no vive en mi no podrá nunca creer que esto realmente está pasando. Pero en casa, ahora hay otros dos niños: Uno de nueve años que observa las noticias como si fuera un adulto, sin tomar realmente dimensión de los acontecimientos, o al menos eso creo yo.

El otro, de tres, aplaude frente a la TV solamente porque ve que otra gente aplaude. Me preocupa que ellos crecerán con este Papa argentino creyendo que eso es lo normal. Que el Papa, es argentino porque si, por definición, porque debe ser así. Los demás viviremos explicando que pasaron 1000 años hasta que hubo un Papa americano, sudamericano, argentino y porteño: de Flores, el.barrio dónde vivímos ahora.

Los niños verán algún día que Francisco I dejará de ser Papa y habrá uno nuevo que difícilmente, sea paisano nuestro. Algo que nosotros ya sabemosvque será así y lovdamos como un hecho.

El niño que ya no vive en mi, jamás creerá lo que este adulto está viendo. Y este adulto no deja de pensar que esto quizás no vuelva a suceder nunca más. Y que luego del Oscar de La Historia Oficial, el más cercano de El Secreto De Sus Ojos, los dos de Santaolalla, la princesa Máxima, Maradona, Messi y el flamante Papa Francisco I, el año que viene se viene el mundial de Brasil.

Dios es argentino y el Papa también.

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Comentario

Readers Comments (3)

  1. Laurabuela 26/03/2013 @ 23:47

    Muy cierto!!!!!!!

  2. Muy Lindo !!!!

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