Tengo que ser sincero. en los pocos días que Mariana lleva en la oficina han cambiado algunas cosas: Todos trabajamos de mejor humor, nos cagamos de risa mucho más que antes y pasamos más tiempo conversando entre nosotros que en Facebook. Pareciera que esta mina vino para unir al grupo. Creo yo que en poco tiempo va a ser la líder de este grupo y lo más extraño de todo, es que pareciera que hasta Moni la quiere.

Los muchachos, que por atrás le dan con un caño, también parecen disfrutar de su compañía. Se acercan, le hacen chistes, se ríen… Hay que verlos, parece que Mariana fuera una sex simbol por la forma en que los tipos se acercan para que los haga reír. Y la guacha tiene una personalidad sorprendente, no se achica nunca. Le hacen un chiste sobre sexo y la mina los apura. Le insinúan algo sobre su aspecto físico y la mina redobla la apuesta y se carga a ella misma. La verdad es que nunca había visto a una mujer así.

Cuando se sienta en mi escritorio para su último día de capacitación me saluda como de costumbre y ya no me molesta. Me acostumbré hasta a eso y es más, esta mina aprendió todo tan rápido que el lunes cuando este sentada en su propio escritorio, creo que la voy a extrañar. Al final… En tan poco tiempo se hizo querer.

Moni llega tarde, apurada. Mariana me codea y me hace sobresaltar. Veo que Moni saluda hacia nosotros pero baja la mirada antes de que se cruce con la mía.

-¿Y..?- me dice- ¿Ya te convenciste?

Ni le contesto. Me quedo mirando el monitor como si no la hubiera escuchado y después de algunos segundos Mariana vuelve a lo que estaba haciendo

Los viernes, el trabajo es mucho más liviano y como tenemos que cumplir las ocho horas aunque no tengamos nada para hacer, boludeamos bastante. Mariana entra rápidamente en sintonía cuando Cristian sube la música y todos comenzamos a cantar canciones de los redondos. No creo que a todos les guste la banda, pero es viernes y si hay que cantar, se canta. También lo hace Mariana, usando un marcador grueso se pone de pie y canta hacia los muchachos como si ella fuera una estrella y ellos sus fanáticos. Canta, grita y baila. Mueve su cuerpo como si estuviera bailando en el caño y los movimientos que deberían ser sensuales, se ven bizarros en ella. Igualmente baila bastante bien. Muy bien para ser honestos. De alguna manera, esta mina sabe cómo adaptarlos a su forma de ser y no le quedan para nada mal.

Cuando la canción termina, los chicos la ovacionan como si realmente estuvieran en un teatro. Hasta Moni la aplaude con el rostro enrojecido, creo yo que por vergüenza ajena. Mariana se vuelve a sentar al lado mío y sin disimular se huele la axila.

-Me chive todo-. Dice y me pide que le avise si tiene olor a chivo. Esta vez soy yo el que se sonroja.

Almorzamos, conversamos todos juntos en el comedor y volvemos a trabajar en el mismo clima. Si algo faltaba para que esta mina se reciba de ídola era organizar el primer after office exitoso en la historia de esta oficina. Por primera vez, todos, absolutamente todos los de la oficina nos vamos a un bar a tomar unas cervezas. La idea fue de Mariana y nadie se negó. Ni siquiera Moni.

Antes de irnos y después de estrechar la mano de Mariana felicitándola por terminar la capacitación en tiempo record, la veo agacharse para guardar su cuaderno en la mochila y no pude evitar quedarme mirando su escote. Lo curioso fue que al conocerla, me pareció que sus tetas estaban desproporcionadas y que no le quedaban bien. “Grandes al pedo”, pensé. Pero ahora que la veo mejor y de cerca, me parece que tiene buenas gomas.

-¿Qué mirás?- me pregunta.

No tengo absolutamente ninguna excusa y me limito a desviar la mirada y a ponerme colorado. Con un gesto varonil, Mariana me golpea en el hombro y me invita a retirarnos. Salimos y nos unimos al resto en la caminata hacia el bar. Adelante, Moni y Mariana. Atrás, todos nosotros. Las dos son tan distintas… Moni es hermosa y Mariana… Que se yo. Mariana es rara, misteriosa.

Luego de algunas cervezas, sentado en el bar, observo a ambas de frente. Las dos me miran hablándose al oído. Sé que están hablando de mi. Mónica baja la mirada de vez en cuando, Mariana no. Me mira fijo, directo a los ojos. Terminó mi vaso de un trago y lo apoyo fuerte sobre la mesa. Me pongo de pie. Me cansé de pensar y supongo que el alcohol me ayuda a dejar de hacerlo. Camino directo y decidido hacia donde están ellas. Las dos me ven. Moni si mueve en su silla incómoda, impaciente. Parece que se puso nerviosa. Mariana en cambio, permanece quieta como si supiera lo que va a pasar y yo, ante la atenta mirada de los muchachos, tengo solamente cinco pasos para decidir si le hago caso a mis prejuicios o a mi corazón. Llego a la mesa, tomo aire, tomo la decisión… Y encaro.

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