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El sol brillaría un poco más y todos nos detendríamos, al menos un segundo, para verlo corónarse sobre nosotros como si nunca nos hubiésemos percatado de su presencia. Las mujeres llorarían y algunos hombres también. Pero no serían lágrimas de tristeza sino repletas de felicidad.

La música se convertiría en protagonista de la jornada, llevando alegría y esperanza a cada rincón al que llegaran sus acordes. En plazas y parques, jóvenes, adolescentes y adultos, se reunirían para tocar la guitarra y cantar frente a otras personas que no pueden darse el gusto de unirseles, pero que lo harían sin dudarlo.

Ni siquiera los que intenten mantenerse al margen del acontecimiento lograrían hacerlo. La noticia se exparciría velozmente en los canales de televisión, portales de noticias y redes sociales, apoderándose de las conversaciones de todo el país.

Milagro, sería la palabra más usada. Los creyentes, dirían que fue obra de Dios. Los ateos, un avance de la ciencia. Algunos pocos dirían que fue la música lo que lo salvó. La que aún suena en la radio, la que todavía escuchamos en nuestra cabeza y la que sus amigos van a tocarle cada vez que pueden.

Las redes sociales colapsarían y ya no habría espacio en ellas para la íronia. Todos hablarían del amor. Del amor a la vida, del amor a la música, del amor al amor.

Es dificil saber exactamente que pasaría, pero no me caben dudas de que el mundo —al menos mi mundo—, sería un lugar mucho más agradable para vivir, si mañana Cerati despertara.

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