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Corre. Lo hace tan rápido como puede, pero sabe que no es suficiente. La oscuridad la rodea por completo. No ve hacia donde avanza ni sabe de qué escapa, pero tiene la seguridad de que debe hacerlo mucho más rápido porque de lo contrario, la van a alcanzar y no puede permitir que eso suceda. No sabe porque. No tiene idea de lo que puede pasar, pero no va a dejar de correr.

Siente los músculos de las piernas esforzándose por avanzar cada vez más. Los brazos, se mueven hacia adelante y hacia atrás para ayudarle a tomar impulso. El pecho se infla para permitir que ingrese mayor cantidad de aire a los pulmones y las plantas de los pies, rebotan una y otra vez con cada paso que da. Sin embargo, percibe que la presencia de la cual intenta escapar, está cada vez más cerca y ya no puede hacer nada para alejarse.

Corre, pero siente que algo o alguien le respira en su oído. Intenta aumentar la velocidad pero una mano ya la está por sujetar del hombro. Otra mano, también se posa sobre ella y la obliga a detenerse por completo.

Respira con dificultad y nota que su corazón late apresuradamente. Se siente agitada por la velocidad a la que corrió y tiene tanto miedo que cree que nunca más podrá abrir los ojos. La oscuridad se diluye lentamente. Tan solo lo suficiente como para permitirle ver el rostro de quién la estuvo persiguiendo y que ahora, se acerca hacia ella sonriendo. No es una sonrisa simpática, sino una de esas que asustan. De una persona que tiene malas intenciones y que sabe que nada le impedirá salirse con la suya.

Ella lo conoce. Aunque no lo había visto aún, siempre supo de quién escapaba. Cuando cree estar lo suficientemente cerca como para poder ser escuchada, le pregunta que es lo que quiere.

No le responde. Pasa caminando a su lado como si nunca hubiera estado ahí. Lo ve alejarse pero no se siente aliviada. Entrecierra los ojos para intentar divisar hacia donde se dirige y ve, con terror que el nuevo carnicero camina directamente hacia Menguante. Su gato está distraído y no advierte que está a punto de ser capturado.

Sofi toma aire, infla el pecho e intenta gritar pero ningún sonido sale de su boca. Vuelve a hacerlo una, dos y tres veces sin obtener ningún resultado. Quiere correr hacia donde está su gato para ayudarlo pero tampoco se puede mover.

El carnicero está cerca, a punto de agarrarlo vaya a saber para qué y Sofi, al borde de la desesperación, vuelve a insistir con su grito, esta vez con mejor suerte.

Su voz comienza sonando finita pero va adquiriendo potencia a medida que el aire mueve sus cuerdas vocales. El grito es fuerte, muy fuerte y provoca que el carnicero se asuste y que su gato huya despavorido.

Su propio grito también la despierta a ella. Se levanta de la cama inmediatamente y busca a Menguante por toda la habitación. Lo encuentra debajo de la cama, escondido y temblando de miedo. O al menos eso cree ella porque la verdad, es que Sofi todavía esta tan asustada que tampoco puede parar de temblar.

 

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