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A través del vidrio no lograba distinguir nada que le llamara la atención. Podía ver al carnicero despachando gentilmente a sus clientes y cuando no quedaba ninguno dentro del local, aprovechar para limpiar el mostrador, empanar algunas milanesas o con carne picada, condimentos y huevo, armar hamburguesas. Sofi se ocultaba para no ser vista. Espiaba desde afuera para encontrar alguna señal, o un gesto que le diera algún indicio, pero nada de todo lo que le veía hacer al carnicero le despertaba sospechas. Ella no se hacía ningún problema, de ser necesario lo observaría durante todo el día, hasta descubrir al menos alguna pista de donde estaba escondido Menguante.

Sofi lo sabía, pero no tenia forma de probar que había sido el carnicero quién secuestró a su gato, vaya a saber con qué intención. Las palabras que le había escuchado decir ayer, aún retumbaban en su cabeza: ” A veces solamente alcanza con soñar aquello que uno desea para que se haga realidad. “. Curiosamente, desde que el nuevo carnicero había llegado al barrio, ella no dejaba de sufrir pesadillas en las que soñaba que intentaban robarle Menguante. Ahora su gato estaba desaparecido y no tenía dudas sobre quién era el culpable.

Intentó decírselo a su abuela pero ésta le respondió que seguramente volvería a la casa en el transcurso del día. Llamó a su padre, pero él le dijo que era normal que los gatos se escaparan de las casas durante las noches cuando querían buscar una novia y que seguramente, pronto volvería.

Sofi aguardó pacientemente hasta la hora en que la carnicería cerraba durante el mediodía. Su idea era seguir al carnicero hasta su casa y una vez allí, encontrar la manera de entrar para confirmar si Menguante estaba ahora junto a todos esos gatos que él decía tener. Pero para sorpresa de Sofi, una vez que la cortina del negocio bajó, nadie salió de la carnicería. La única puerta por la que se podía salir una vez que el negocio cerraba, estaba ubicada a un costado. Por allí salía Don Antonio cada noche para irse a su casa y Sofi esperaba ver salir también por ahí al carnicero, pero éste parecía no tener intenciones de marcharse.

Sofi se acercó a la puerta e intentó abrirla. Se sorprendió al encontrarla sin llave cuando giró el picaporte y la empujó. La puerta chilló y Sofi se quedó quieta hasta asegurarse de que nadie la había escuchado. Daba a un largo pasillo y a la mitad de éste, estaba el acceso al local. Sofi caminaba lentamente, arrastrando una mano por la pared para no perder el sentido de la dirección, la vista clavada en el camino y el corazón latiéndole a toda velocidad. El absoluto silencio que reinaba la tarde se interrumpió con la voz del carnicero tarareando una canción a lo lejos. Sofi tragó saliva y siguió avanzando, llegó a la puerta corrediza que entraba a la parte de atrás del local y la abrió sigilosamente. La voz del carnicero sonó esta vez más fuerte y además, pudo distinguir el maullido de un gato adentro. Aunque no podía asegurar que el gato que escuchó era Menguante, no tuvo dudas de que si lo era.

Llegó a dar dos pasos y sintió que desde atrás una mano la tomaba del brazo. Giró sobre sí misma y vio al carnicero mirándola enojado.

-¿Qué haces acá?- le preguntó.

Sofi no respondió. Gritó mientras se esforzaba por soltarse y solo logró hacerlo cuando el carnicero así lo quiso. Corrió por el pasillo y salió del local. Al cruzar la puerta, llegó a escuchar que le gritaba que no quería volver a verla allí. Llegó a su casa agitada y no quiso contarle a su abuela lo que le había pasado.

Lamentablemente, justo cuando estaban por sentarse a cenar, el timbre sonó y su padre salió a ver quién era. Cuando volvió, le dijo que había sido el carnicero y que le había contado lo sucedido durante la tarde. Sofi intentó negarlo, pero su padre le mostró una foto de la cámara de seguridad del negocio en donde se la podía ver claramente. Tuvo que escuchar el sermón de su padre quién no permitió que su hija se justificara.

Sofi se fue a dormir y se entristeció al entrar a su cuarto y no encontrar a Menguante esperándola. Se acostó y se tapó intentando pensar en un plan que le permitiera rescatar a su gato.

“A veces solamente alcanza con soñar aquello que uno desea para que se haga realidad.”, fue lo último que pensó antes de dormirse.

 

Continúa en el último capítulo…