Sofi, El Carnicero y el Gato Menguante – Capítulo 7 y Final

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La oscuridad era demasiado profunda y Sofi caminaba con sus brazos hacia adelante para evitar chocarse con algún obstáculo. El viento que le rozaba la cara le indicaba que estaba en la calle pero extrañamente, parecía que ninguna luz funcionara allí. De hecho, ni siquiera la luna o las estrellas lograban iluminar el camino.

A lo lejos, le pareció divisar algo y hacia allí se dirigió. Llegó a la puerta de la carnicería que tenía la cortina baja con dos candados asegurándola y la puerta del costado, lamentablemente cerrada con llave. Observó hacia arriba y notó que podría entrar al local desde la terraza si se trepaba al árbol de la puerta. Hacerlo nunca fue su especialidad, de hecho le tenía mucho miedo a las alturas pero por su gato, estaba dispuesta a hacer todo lo necesario. Comenzó a colgarse resbalándose y cayendo al piso las tres primeras veces que lo intentó. La cuarta, llegó hasta una de las ramas que mas alto estaban, pero si quería saltar al techo del negocio debia llegar todavia más alto. Permaneció en esa rama durante algunos minutos hasta lograr acostumbrarse a la altura y luego continuó trepando.

Alcanzó la rama que llegaba hasta el techo de la carniceria y con un pie, probó cuidadosamente si soportaba su peso. La rama ni siquiera crujió y Sofi se animó a pisarla. Rápidamente saltó al techo del negocio y desde allí bajo la escalera que la conducía al mismo pasillo en donde habia estado el día anterior.

Avanzó por el pasillo iluminado solamente por un minúsculo rayo de luz que provenía del interior del negocio. Se dirigió a la puerta corrediza y la abrió lentamente. Esta vez tomo la precaución de mirar a uno y otro lado para asegurarse que el carnicero no la tomara por sorpresa nuevamente. No vio a nadie allí y se animó a entrar intentando pisar con cuidado para no hacer ningún ruido. Caminó hacia el local en dónde todas las luces estaban apagadas y un fuerte olor a lavandina podía sentirse.

Desde lejos, comenzó a escuchar cada vez más cerca la voz del carnicero tarareando una canción. Buscó rapidamente un lugar en dónde esconderse y lo único que encontró fue un tacho de los que se usan para arrojar allí, los cartílagos y huesos que ya no se usan y que cada mañana pasan a buscar en grandes camiones. Se metió en él, soportando el olor a carne vieja y la sangre acumulada en el fondo. Escuchó al carnicero acercarse, buscar algo y distinguió claramente el sonido de una cuchilla afilándose. Luego, volvió a notar que el carnicero se alejaba.

Salió de su escondite asqueada por el olor y por tener todo su pelo lleno de restos de carne. Sintió nauseas pero se aguantó porque no quería tener que escapar de allí, nuevamente sin su gato. Caminó hacia la parte de atrás del local escuchando la voz del carnicero que cantaba algo parecido a un tango. Recorrió el pequeño baño y el mostrador en donde cortaban la carne en la parte de atrás pero no halló a Menguante. Recordó que cuando Don Antonio le mostró la carnicería por primera vez, le explicó que allí había dos cámaras frigoríficas. En una, estaban guardados todos los cortes de carne y la otra, apagada, se usaba solamente como depósito.

Sofi abrió una y de adentro salió un aire helado que le congeló las manos y la nariz. La cerró rápidamente pero sin hacer ruido. De la otra, en cambio, lo único que salió fue la voz del carnicero cantando, quién dejó de hacerlo ni bien notó que la puerta se había abierto. Giró para saber que pasaba y se sorprendió al verla a ella de pie en la puerta. También Sofi estaba sorprendida de lo que veía: Más de veinte gatos estaban encerrados dentro de la camara junto con el carnicero y todos la miraban a ella. Intentaba divisar a su gato pero no lo lograba. Aprovechando la confusión del carnicero, llamó de un grito a su gato y entre medio de todos, Menguante apareció y saltó sobre su hombro.

El carnicero se puso de pie, aparentemente muy enojado.

-Devolveme ese gato- le exigió.

-Este gato es mío. Usted me lo robó-. Respondió Sofi.

-No es así. Yo lo encontré y no tengo idea de quién era. Devolvemelo o voy a tener que decirle a tu padre que te volviste a meter en mi carnicería.

Sofi dio dos pasos hacia atrás. Si su padre se enteraba de lo que estaba haciendo, seguramente la obligaría a deshacerse de su gato. Pero luego de un segundo, recordó donde estaba ella en ese momento.

-¿Ah, si?- comenzó a decir. -¿Y qué le vas a decir..?¿Qué soñaste conmigo?

El carnicero también comprendió que realmente todo estaba pasando dentro de un sueño y se lanzó a la carrera para agarrar a Sofi que rápidamente, cerró la puerta de la camara demorándolo por algunos segundos. Salió al pasillo, cerró la puerta corrediza y corrió hacia la salida. El carnicero abrió la puerta de la camara y atravesó la corrediza haciéndola estallar en mil pedazos. Con la cuchilla en la mano corrió tras Sofi y logró tomarla de un tobillo justo cuando ella abría la puerta de calle y se disponía a escapar llevando a su gato en brazos. Ambos cayeron al piso. Sofi pataleaba intentando soltarse pero el carnicero era mucho más fuerte que ella.

-Te dije que no quería volver a verte por acá-. Le recordó y levantó la cuchilla para clavársela en una pierna.

Menguante pareció gritar mientras saltaba y clavaba sus garras en el rostro del carnicero para defender a Sofi. El carnicero tuvo que soltar la cuchilla para quitarse a Menguante de encima y con la mano libre, lo tomó de la cola y lo arrojó contra la pared. El gato gimió de dolor al caer, pero rápidamente se puso de pie y con su pelo erizado y el lomo hacia arriba, mostró sus dientes al carnicero que se estaba limpiando la sangre con una mano mientras con la otra, seguía sujetando la pierna de Sofi.

Sofi aprovechó la distracción y tomó la cuchilla, la levantó a la altura de su cabeza y la bajó con toda la fuerza que pudo. Sintió que cortaba algo y ecuchó al carnicero gritar de dolor. Al abrir los ojos vio que la mano con que la sujetaba, ahora tenía tres dedos menos y que chorreaba una gan cantidad de sangre. Velozmente Sofi se puso de pie, tomó a Menguante y corrió nuevamente en medio de la oscuridad dejando a la carniceria y a su dueño atrás.

Despertó por los besos que Menguante le daba en su rostro y cuando por fin pudo abrir los ojos, vio dentro de su dormitorio a todos los gatos que estaban encerrados en la carniceria. Se levantó de la cama y se vistió, mientras todos se cruzaban delante suyo y se refregaban contra su pierna para saludarla.
Sin desayunar y dejandolos encerrados en su cuarto a todos, salió de su casa y caminó hasta la carnicería para saber que había pasado y como podría seguir esta historia.

El sol de la mañana iluminaba la vereda y calentó su piel durante el camino. Al llegar allí, vio a un grupo de personas que esperaban a que la carnicería abriera. La madre de Cami estaba entre ellas y le contó a Sofi que al parecer, durante la noche, el carnicero había sufrido un accidente con la maquina de cortar carne y había perdido tres dedos y que si eso llegaba a ser cierto, seguramente ya no volvería a abrir. La madre de Cami siguió diciendo que era una desgracia porque esa era la única carnicería con buena carne que le quedaba cerca, pero Sofi ya no la escuchaba. Ahora caminaba hacia otro lugar, felíz de haber recuperado a Menguante y ademas ahora, tenía muchos gatos más que parecían estar agradecidos con ella por haberlos rescatado.

Lo que más sorprendía a Sofi, era que todo había sucedido mientras soñaba y eso le daba muchas ganas de que otro sueño también se cumpliera. Aunque sabía que para que eso suceda, debería actuar mientras estaba despierta. Caminó hasta la fiambrería y convencida de que ese era el momento adecuado, entró y pidió que llamaran a Joaquín, el chico del que estaba enamorada y con el cual no se cansaba de soñar.

FIN

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