Suspendido en el tiempo

La escena es imponente. El disparo de la fotógrafa aficionada logra captar el instante en toda su magnitud. No puede verse, pero a un costado hay un fotógrafo profesional. El único autorizado para atravesar el perímetro establecido, acercarse a los protagonistas y desde ese lugar privilegiado, aplicar todos sus años de experiencia, para obtener la mejor de todas las tomas. Pero no fue eso lo que pasó. La foto la sacó ella: una señora cualquiera, un ama de casa que gastó bastante dinero revelando fotos desechables hasta conseguir la imagen que buscaba y que estoy describiendo ahora.

Atrás, al fondo de la imagen, ubicado en pequeñas gradas contra la pared, puede verse al público. Algunos están de pie, otros sentados. Hay personas estirando el cuello para lograr ver lo que está sucediendo en el medio de la escena. Algunos son conocidos, otros no. A unos pocos los conoceré después. Parece haber un espacio reservado para mi viejo. Él, está por llegar tarde como muchas otras veces. La verdad es que preferiría no tener que venir, pero siempre se las arregla para estar presente.

También contra la pared, colgada, se ve una enorme bandera celeste y blanca. No es la única, pero solo esa salió en la foto. A la derecha de la imagen -a la izquierda de esa bandera- están las caras más conocidas. Son familiares de alumnos. Los conozco y ellos me conocen a mí. Observan atentos, quizás aburridos. Saben que falta poco para terminar y volver a su casa. En medio de ellos esta mi vieja. No parece aburrida, no parece público. Está de pie, gritando. Está alentando. Me alienta a mí. Su voz, a esa altura, ya forma parte del espectáculo.

En el piso, sentados con las piernas cruzadas, delimitando el perímetro que no debe ser invadido por el público, se ubican los alumnos. Niños y adultos que en su mayoría miran expectantes lo que allí sucede. En algunos de los rostros puede verse fascinación porque saben que más adelante, ellos también podrán hacer lo que esas personas están haciendo ahora. Hay dos chiquitos, de rodillas, alentando: son dos de mis primeros alumnos.

Aunque se entiende que todo sucede en la cancha de papi fútbol de algún club barrial, no hay ninguna pelota en la escena. No hay arcos, ni jugadores. Dentro de la cancha se ven solamente cinco personas. Una de ellas lleva una filmadora al hombro. Es la encargada de documentar en video todo lo que está sucediendo. Generalmente, en las filmaciones, también puede escucharse su voz alentando. Aunque debería, no puede mantenerse al margen del espectáculo.

Algo más cerca del centro de la escena hay dos personas, dos hombres. Curiosamente, ambos se llaman Miguel y caminan a nuestro lado como si estuvieran custodiándonos. En el rostro de uno de ellos -el Miguel que está de frente-, se percibe un grito encendido. Él, también está alentando.

En el centro de la escena hay dos personas: Una soy yo, la otra es mi compañero, Torres. Retrocede mientras intenta mantenerse lo más cerca posible, dándole así más realismo a la escena para que el espectáculo resulte todavía más vistoso. Los brazos sueltos al costado del cuerpo se mueven independientemente, su torso también. Es por eso que parece desarticulado. Si pudieran ver su rostro, también lo verían alentando. Sabe, él, que falta poco para lo mejor: En tan solo unos segundos, será su turno de demostrar todo lo que sabe.

Y ahí estoy yo. Suspendido en el aire. La pierna izquierda apuntando al suelo pero sin tocarlo. La derecha, hacia arriba, a la altura de mi cabeza. La patada no es perfecta, o al menos no lo parece en la foto. El movimiento que la precede no puede adivinarse. Solo se comprende viendo la filmación realizada desde el ángulo invertido a la foto por la otra protagonista, pero puede percibirse la intensidad del movimiento: El esfuerzo del salto que está culminando; la sucesión de movimientos que se acerca a su final y despertará la ovación de todo el público. Mi mente no es consciente de mis movimientos. Los realiza por instinto luego de años de práctica y entrenamiento. La confianza de mi compañero, con quien compartimos sudorosas jornadas desde hace años, me permite improvisar sin miedo, sabiendo que anticipará y esquivara a tiempo mis golpes. El contexto me condiciona: Mi padre a un costado; mi madre atrás; mis alumnos y sus padres a mi alrededor; los alumnos de otros profesores y sus padres llenando el lugar, el resto de los profesores mirando… No veo a ninguno pero sé que están ahí. Hay música. Un poderoso tema instrumental de Mecano, que nos sirve como banda sonora, suena a todo volumen, pero los gritos de la gente se escuchan aún más fuerte.

La foto en su totalidad es perfecta. Solo falló el protagonista. Solo fallé yo. La patada no es perfecta pero la foto si lo es. La imagen eterniza un momento perfecto de mi vida, a tan solo un año de haber terminado la secundaria, durante uno de los tantos años sabáticos que me tomé para decidir qué haría con mi vida, o mejor dicho, que haría la vida conmigo. Mientras tanto, me dedicaba a dar clases de artes marciales y ahí estaban mis alumnos: viendo a los profesores hacer lo que en poco tiempo, ellos también serían capaces de llevar a cabo; los padres de mis alumnos y los míos conociendo todo lo que yo había aprendido; Y yo, dando lo mejor que tenía en ese momento para sorprender a todos. Aplicando años de ejercicios, de técnicas, de dolores musculares, de elongaciones, de flexiones de brazos, de abdominales; años de practicar patadas y caídas para que el suelo no parezca tan duro. Hubo muchos momentos como este durante los años siguientes. Incluso mejores o más intensos, pero no quedaron capturados de esa manera nunca más.

Esa foto tiene la particularidad de haber captado uno de esos instantes en los que decimos que la vida es perfecta. “Si pudiera congelar este momento…”, pensamos cuando algo bueno nos sucede y ese es el momento que capto Elsa, la mamá de una de mis mejores alumnas, en esa foto. Segundos después, Elsa tomaría una foto aún mejor de mi amigo Torres.

La vida nos sorprende diariamente con pequeños momentos de felicidad que intentamos atesorar en nuestra memoria. Guardamos sonidos, vibraciones, un cúmulo de sensaciones que, en ocasiones, nos permite recuperar ese recuerdo olvidado. Es una lástima que mi patada no haya sido perfecta, porque la foto si lo es.

suspendido en el tiempo

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Comentario

Readers Comments (6)

  1. HOLA LEANDRO SOY ELSA (LA FOTOGRAFA)COMO VOS ME DECIS ,ME EMOSIONO TUS PALABRAS Y TE AGRADESCO QUE ME HAGAS REVIVIR ESOS MOMENTOS TAN LINDOS QUE PASE JUNTO A USTEDES,SIEMPRE LOS RECUERDO CON MUCHO CARIÑO,TE DESEO LO MEJOR,TAL VEZ UN DIA NOS VOLVAMOS A VER BESOS Y UN FUERTE ABRAZO…..

    • Muchas gracias Elsa! Es imposible para mi, ver esa foto sin recordarte parada en ese rincon apuntando con tu camara. Gran abrazo! Hermosos momentos vividos

  2. liliana pajaro 12/11/2013 @ 20:13

    Hola Leandro, una hermosa descripcion del momento vivido,te agradesco desde lo mas profundo este recuerdo, que trae a mi memoria , tantos momentos compartidos, y en especial el momento de encontrar, a la persona que seria MI gran amiga en esta vida, y en especial leerlo este dia, que cumpkle años mi hijo, tu alumno, parece tiempo lejano pero hoy lo trajiste a mi mente muchos besotes querido Leo

  3. Muy lindo leo, QUE TIEMPOS AQUELLOS !!!

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