Un kilo de milanesas de nalga

un kilo

Richie fue bautizado por sus padres como Ricardo, pero durante los noventa, sus amigos comenzaron a decirle Richard. Luego, fue su novia quien mientras Ricardo —alias Richard— se convertía en una estrella, comenzó a llamarlo Richie, el nombre con el que se hizo mundialmente famoso.

Ahora Richie está a punto de patear el último penal de la serie de cinco que quedó empatada en tres, luego de que su arquero atajara (abajo a la derecha) el último tiro del equipo rival y a pesar de la responsabilidad que carga en sus hombros, Richie no está nervioso gracias a que durante toda su vida, se preparó para este momento.

Desde pequeño se destacó por su habilidad con la pelota y tuvo que aprender a lidiar, tanto con la presión de sus compañeros y los directores técnicos, como con los gritos del publico de fútbol infantil.

Richie acomoda, una y otra vez, el balón sobre el punto de penal. Parece no quedar conforme, hasta que finalmente lo hace. Observa los movimientos del arquero rival, quien salta en el lugar y escupe sus guantes antes de frotarlos uno contra el otro. Detrás de la red, los primeros flashes fotograficos comienzan a destellar. La tribuna que tiene enfrente es la visitante, en donde la mayoría de los hinchas permanecen inmoviles. Al verlos, Richie recuerda un canto de su país en el que la hinchada decía que la tribuna rival, se parecía a una postal. Si pudiera hacer zoom, vería decenas de niños tapandose los ojos y a cientos de adultos mordiendo sus uñas con desesperación.

No lo hace, pero si observara el resto del estadio, vería a miles de personas vestidas con la misma camiseta que él lleva puesta ahora, incluso con su número y apellido estampado en ellas. No puede evitar escuchar a todas esas voces coreando su propio nombre, o mejor dicho, su apodo. Su habilidad, su pegada exquisita y el amplio porcentaje de penales convertidos, dan rienda suelta a la ilusión de los fanáticos.

Richie permanece con la mirada clavada en el arco al que, en cuestión de segundos, deberá impulsar el balón, esperando a que su intuición lo ayude a elegir el ángulo correcto. De manera incosciente, sus pensamientos viajan a los años en que jugaba en inferiores y sus compañeros siempre le daban la pelota para que fuera él quien definiera las jugadas. Tuvo que acostumbrarse a recibir violentos golpes desde pequeño y logró una fortaleza mental que lo hizo capaz de recuperarse de lesiones muy complicadas en tiempo record. Recuerda su primer contrato profesional con el equipo de sus amores, la primera vez que piso un campo de juego y el alocado festejo de su primer gol; su pase a uno de los equipos grandes y la millonaria venta a ese club europeo para el que luego de una decada, sigue jugando y al que está a punto de darle el titulo que hace años no consigue.

Mira al árbitro y lo ve dándo indicaciones para que el arquero no se adelante. Luego le informa a él, que deberá esperar el sonido del silbato para ejecutar el penal. Richie no está nervioso pero resopla como si lo estuviera. También escupe al pasto y se lleva las manos a la cintura. Son tics que tiene incorporados desde pequeño y que no logra dejar de lado.

Mientras espera la orden del referí, fija su mirada en el balón y nuevos recuerdos vienen a su mente.

Siempre fue muy habilidoso y tuvo un gran control de pelota, aunque no siempre supo pegarle bien. Alguién le había contado que Maradona se quedaba practicando su pegada luego de los entrenamientos y que, en alguna ocasión, había intentado acertarle a un pajaro que se posaba sobre un árbol detrás del arco. Richie se dispuso a entrenar con la misma intensidad y comenzó pateando al ángulo; siguió intentando acertar al palo y al travesaño y luego pasó al siguiente nivel: junto a su compañero de toda la vida, con quien compartieron desde infantiles hasta inferiores, organizaron una competencia que Richie perdía la mayoría de las veces. Al terminar los entrenamientos, ambos esparcían migas de pan sobre el cesped y esperaban, sin moverse, a que las palomas bajaran para alimentarse. Entonces, mientras uno de ellos las espantaba, el otro intentaba acertarles con un pelotazo en medio del vuelo, utilizando para ello, cinco pelotas dispuestas previamente en hilera . Luego invertían los roles y resultaba ganador aquel que mas palomas derribara. Así fue como se convirtieron en especialistas.

Un segundo antes de que el arbitro pite, Richie piensa en su amigo Jorge. El amateurismo y la vida los unió, pero el profesionalismo y las lesiones los separó. Ambos firmaron contrato con diferentes equipos y se perfilaban como promesas en sus clubes, pero una lesión de la que nunca logró recuperarse, truncó la carrera de Jorge, mientras que la de Richie, nunca dejó de crecer.

Sabe Richie, que desde la carnicería que heredó de su padre, su amigo estara frente al televisor esperando a ver la conversión del penal que lleve su carrera al punto más alto en nombre de ambos.

El sonido del silbato lo devuelve al presente y aunque Richie no lo percibe, el estadio se ha quedado en silencio aguardando la ejecución del penal. Da el primero de los tres pasos y medio de carrera que tomó. El segundo y el tercero son algo más intensos, pero el último —el medio— es casi un salto. Millones de fotografías se toman en el momento exacto en el que su empeine impacta el balon. Abrazados en el circulo central, algunos de sus compañeros cierran los ojos para no ver y dejarse llevar por el sonido de la tribuna. Luego del remate, Richie detiene su impulso y observa el balón dirigiendose a toda velocidad hacia el ángulo superior izquierdo de la portería y puede ver, con horror, que el arquero vuela hacia el lado correcto y estirandose de manera sobrehumana, esta a punto de desviar la pelota, pero no. El disparo de Richie es tan perfecto que convertiría en ridículo hasta el mejor de los esfuerzos.

Está a punto de comenzar su carrera hacia el mediocampo para abrazarse con sus compañeros y dar inicio al histórico festejo que se prolongara durante varios días, llegando a cada rincon del mundo, pero se detiene justo para ver algo que jamás ha visto, ni siquiera por TV.

El arquero está cayendo, vencido, sin chances de evitar el gol a pesar de su enorme esfuerzo; la pelota, volando a punto de ingresar al arco y de sacudir la red, pero una paloma que nadie había visto hasta ese momento, vuela hacia el balón y lo embiste desviandolo hacia el travesaño y evitando el gol en el último momento. Tanto el ave como el esférico, caen sobre el césped a centímetros de la línea de conversión. La serie queda empatada en tres.

Los hinchas y los futbolistas del equipo adversario celebran el milagro como si fuese obra de ellos. El arquero recoge la pelota y la patea hacia la tribuna, luego levanta el cuerpo sin vida de la paloma y lo besa, antes de ofrecérselo al estadio como si fuera una ofrenda. Richie cae de rodillas y se toma la cabeza con las manos, intentando encontrar una explicación a lo sucedido, mientras los jugadores se preparan para la definición que está a punto de reaunudarse. En otro continente, a kilómetros del estadio y afilando una cuchilla con la que se dispone a cortar un kilo de milanesas de nalga bien finitas, Jorge, el carnicero, por primera vez en muchos años, siente que vale la pena vivir.

paloma muerta

¿Qué te pareció este texto?

Comentario

Be the first to comment

Leave a comment

Your email address will not be published.