A menos que alguno de sus parientes tenga la ocurrencia de celebrar un cumpleaños durante un día hábil, Agustina, todas las semanas, lleva a cabo la misma rutina: Luego de compartir la cena con su familia y mientras su marido disfruta viendo algún deporte por televisión, es ella quién acuesta a los niños y lava los platos sintiendo en su pecho que algo no anda bien.

Antes de acostarse, se da un largo baño con agua bien caliente analizando porque se siente asi y al terminar, espera durante algunos minutos a que el agua de su cuerpo se evapore sola. Luego se envuelve en una toalla y lentamente, disfruta de secar su cabello desenredándolo con el peine.

Aplica en su rostro un tratamiento de cremas para eliminar las impurezas y retrasar el avance de las arrugas que ya comenzaron a amenazarla. La suavidad de su cutis, deja en claro la cantidad de tiempo que dedicó durante toda su vida a cuidarlo y a mantenerlo joven.

Mientras espera a que las cremas hagan efecto, deja caer la toalla y aplica otro tratamiento sobre su cuerpo, observándo su figura frente al espejo. Se mira con atención y es capaz de memorizar hasta el más mínimo detalle de su fisonomia.

Le gusta lo que ve. La treintena de años que lleva a cuestas aún no le han dejado una huella importante. Logra mentenerse jóven por medio de la buena alimentación, dieta y mucho ejercicio. El cual, también le sirve para estar en forma y conservar la vitalidad y la energia de la adolescencia. “¿Qué tan vieja estaré a los treinta? Se preguntaba de niña, sin imáginar que a esa edad llegaría a ser incluso más hermosa.

Desliza las manos por todo su cuerpo, acariciándose lentamente. Disfruta el contacto con su piel, se relaja y se excita. Por momentos piensa que utilizando su físico podría haber llegado mucho más lejos de lo que lo hizo.

Se siente sexy. Sabe que es deseada
tanto por su marido como por los hombres de su trabajo, de los cuales ha recibido ya más de una propuesta indecente. Ella las ha rechazado a todas sin dudarlo. Es una persona fiel. También sabe que la desean los padres de los compañeros de escuela de sus hijos, aunque ninguno se le haya insinuado aún. De chica también le pasaba que los muchachos que le gustaban, no se animaban a hablarle debido a su belleza.

Para salir del baño se pone un pijama de verano ignorando que está en medio de un largo y crudo invierno. Sintiendo algo de frío, camina descalza y en puntas de pie hasta la heladera, de dónde bebe un trago de agua directamente de la botella. Al hacerlo, tiene que pasar por delante de su marido, quién en voz baja le dice alguna grosería. Ella se ríe y lo mira inocentemente, simulando haberse cruzado sin intención.

Vuelve a su cuarto y se mete en la cama. Se tapa hasta la cintura y con la computadora sobre sus piernas, navega por algunos portales de noticias y redes sociales mientras chatea con una compañera de trabajo. La sensación de vacio que experimentó al lavar los platos aumenta a medida que se acerca el final del día.

En la última pestaña del navegador abre una página de videos pornográficos. Busca algo en especial y comienza viendo algunos, pero los detiene a los pocos segundos ya que no cumplen con sus expectativas. Finalmente observa hasta el final, un video en el que varias mujeres se encargan de darle placer a un hombre. Mira con atención a las protagonistas femeninas de la filmación. Se concentra en sus cuerpos y considera que el fisico de ella, es superior a los que ve en la pantalla. Siente el impulso de masturbarse, pero se contiene. Prefiere reservarse para algo mejor.

Cierra rápidamente la pestaña cuando ve entrar a su marido a la habitación. Mientras conversan de cosas sin importancia lo ve desvestirse y le gusta. Realmente está enamorada de él y se siente afortunada de que se acueste a su lado. Agustina apoya la notebook sobre una silla ubicada al lado de la cama especialmente para ese fin y junta su cuerpo con el de su marido. No demora casi nada en convencerlo de hacer el amor.

Ella se luce, toma el control y lo ejerce durante todo el acto. Balancea su cuerpo manejando los tiempos a su antojo  convirtiendo a su marido en una simple victima de su sexualidad. Nota que él disfruta. Ella goza, gime y grita.

Acaba intensamente llevando sus manos a la cabeza para sostenerse el cabello como si este le molestara. Los gemidos y el movimiento de ambos disminuyen paulatinamente hasta detenerse por completo. Agustina lo besa y le recuerda que lo ama. Se acuesta a su lado y se deja abrazar por él durante algunos minutos. Solo hasta asegurarse de que realmente esta dormido.

Nuevamente apoya la notebook sobre sus piernas. Esta satisfecha y relajada. Se siente feliz pero necesita algo mas. No cambiaría nada de lo que tiene, pero quiere y se merece algo más… Tan solo un poco más.

Observa la pantalla de la computadora con atención y sonríe. Le gusta lo que ve: Ella misma, completamente desnuda sobre su marido, haciéndole el amor apasionadamente a la persona que ama. Siente que es una pena que el único que pueda admirar su desnudez sea él.

No le toma demasiado tiempo decidirse a hacer eso que viene reprimiendo desde hace años. Siente el impulso de realizarlo en cada ocasión en que se ve desnuda frente al espejo, cada vez que un compañero de trabajo se le insinúa, cuando su marido la desviste y en muchas otras oportunidades en que su cuerpo se convierte en el protagonista absoluto de la situación.

El orgásmo exagerado que se ve actuar en el video le gusta y vuelve a excitarla. Con solo algunos clicks sube el video recientemente filmado a internet y en menos tiempo del que demora para cerrar su computadora, el mismo comienza a ser visto y expandido hacia todo el mundo.

Se duerme con la certeza de que mañana, realmente será otro día.

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