En una historieta de Mafalda, en la que la familia regresa de sus quince días de vacaciones, antes de cruzar la puerta de su casa, el papá le dice al resto de la familia que se siente renovado y Mafalda, al abrir la puerta y recoger los sobres que fueron arrojados por debajo, le dice a su padre: “Mirá vos, y estos ingenuos han seguido mandando facturas al que eras antes”.

Es así. En ocasiones basta con dormir una buena siesta para sentirse una nueva persona. En otras, un sueño de más de doce horas puede hacer que dejemos atrás una noche de la que no podremos recordar nada, aunque nos esforcemos en hacerlo. Pero, la mayor parte del tiempo, resulta muy difícil dejar atrás las cosas que hicimos y seguir avanzando sin pensar en ellas, simplemente porque el resto del mundo no sabe de nuestro esfuerzo por cambiar. Vivimos atados a nuestro pasado, ya sea bueno para intentar repetirlo, o malo para no volver a hacerlo nunca más. Personalmente, son muchas las noches en las que despierto sobresaltado, soñando con alguna cuenta pendiente de mi pasado. Y no es porque haya sido un delincuente o un sobreviviente de alguna situación límite. Más bien todo lo contrario: mi vida se destaca por su monotonía y aburrimiento, pero en la intimidad, tengo que reconocer que hay acciones de mi pasado, palabras, gestos, actitudes, que no me dejan en paz; que quisiera olvidar y no puedo, y el gran problema que tengo es que hacer con ellas.

No reniego de aquello que hice porque sé que todo forma parte de lo que soy ahora y aunque tampoco puedo decir que hoy en día, estoy cien por ciento conforme de mi mismo o de lo que hago, sé que voy por buen camino y que el rol que hoy en día cumplo en este universo, es mucho mejor del que cumplía tiempo atrás. Pero eso no me deja tranquilo.

La primera vez que lo leí fue en la librería El Cuervo, de Lanús. El dueño (que dicho sea de paso, portaba uno de los quinchos más conocidos de la zona sur), tenía el local adornado con divertidas frases escritas a mano en pequeños pedacitos de papel. Una de ellas decía: “el cuervo paga el tributo al mono… digo, el monotributo”. Pero había una que yo me quedaba mirando cada vez que iba a comprar ahí: “En mi vida hice cosas buenas y malas y de lo único que me arrepiento es de todo lo que no hice”. Esa frase me llamaba la atención porque sentía que estaba completamente equivocada y aún hoy, siento lo mismo.

Me resulta inaceptable la idea de no arrepentirse de nada de lo que se hizo en el pasado. Quizás, porque yo me arrepiento de más cosas de las que podría llegar a pensar. Algunas graves y otras sin importancia. Algunas realmente serias, otras no. Pero si tuviera la oportunidad de volver el tiempo atrás y con todo lo que sé ahora tuviera que tomar alguna decisión que tome en el pasado, no tengo dudas de que elegiría algo distinto. Se supone que venimos a este mundo para evolucionar, para mejorar, ¿Y qué tipo de evolución sería si volvemos a tomar las mismas decisiones que en el pasado? ¿Puede ser que habiendo vivido lo que vivimos, aun no hayamos aprendido nada?

Arrepentirme de aquellas cosas que hice en el pasado y que hoy no me dejan en paz, es lo que me permite seguir avanzando en la vida y dejar todos esos fantasmas atrás. Sin embargo, siempre pasa algo (un encuentro casual, una foto, una canción) que me recuerda quien fui y todo lo que hice. El pasado vuelve a mí, de golpe y sin previo aviso, para recordarme quien fui y que —aunque intente hacerme el distraído— una parte de mi sigue siendo la de ese mismo muchacho que era antes. Entonces, una vez más, intento superarlo recordando que ya no quiero ser ese que era y que con esfuerzo y constancia, seguiré incorporando experiencias que me convertirán en esa persona que hoy quiero ser y aunque el día de mañana, también me arrepienta de lo que soy y de lo que hago el día de hoy; aunque mañana me arrepienta hasta de haber escrito y publicado este texto, esa nueva persona que seré, será una persona mejor, una versión optimizada de mi mismo y es eso lo que me motiva a seguir cambiando, a mejorar, a evolucionar y a dejar atrás el pasado. Porque si hay algo sobre lo que no tengo dudas, es de que no todo tiempo pasado fue mejor y de que lo mejor, siempre está por venir.

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