Yo estuve ahí

MTV

Quiero contarle a todos los pendejos que lean esto que yo fui parte de ese momento. Que fui un testigo privilegiado de aquella situación. Escribo este texto pensando en mis hijos, para que lo lean cuando sean grandes. Pienso también en mi ahijado, que ya es mayor de edad y que debe creer que todo esto es normal, pero no lo es.

Intento imaginar en que formato leerán este texto en el futuro. Supongo que ni siquiera Snapchat y Periscope estarán vigentes. Para ese momento existirá una nueva red social que me resultará difícil de comprender y a la cual criticaré, adjudicándole la culpa de la estupidez juvenil de entonces. Estoy seguro de que los blogs como estos ya estarán completamente desactualizados, pero confío en que al menos mis hijos y mi ahijado, de tanto en tanto, pasen por aquí para leerme.

Por eso escribo para ellos, porque aquella experiencia, aquel momento en la historia de la humanidad, merece ser contado en primera persona.

Todo sucedió a finales de los noventa, principios de los 2000. De hecho, fue en 1999, lo que hace muy difícil definir a que década corresponde el evento. Por ejemplo, yo nací en 1979 y podría afirmar que pertenezco a la década del 70 aunque no fuera del todo cierto, ya que no tengo ningún recuerdo ni vivencia de dicha época. Crecí en los 80 y es a esa década a la que pertenezco aunque mi nacimiento haya sido cinco meses antes de que la misma comience. Por esa razón es que para mí, lo que estoy tratando de contar sucedió en los 2000 y no en 1999.

Para ese momento yo era una persona biológicamente adulta aunque no tuviera ningún pensamiento o actitud que concordara con esa condición. El televisor era el rey de la casa, la computadora ocupaba un rincón oscuro del hogar y los miembros de la familia nos turnábamos para sentarnos frente a ella. Internet, al menos en mi casa, no había y lo teléfonos celulares eran utilizados solamente para llamar aunque casi nadie lo hiciera por lo caro que resultaba.

Por suerte teníamos la televisión por cable. Hace poco descubrí que nuestro país fue uno en los que con más rapidez se difundió este servicio de televisión que nos permitió estar un poco más cerca del resto del mundo. Para ver fútbol había que pagar el codificado o comprar el “pituto” en alguna manta de las que ahora venden DVDs. HBO era gratis y Cinecanal estaba tan bueno que le hacía competencia. MuchMusic era un canal de música que tenía una sede local y MTV era todo.

La música del mundo estaba allí. Había artistas y conductores latinoamericanos, unplugged históricos que aún hoy siguen sonando de puta madre, entrevistas a músicos de todo el mundo y vídeos, muchos vídeos musicales, a toda hora y de todo tipo de artistas. Había programas especializados como Headbangers y otros con música regional como MTV Latino. He conocido casas en las que no escuchaban radio, simplemente sintonizaban MTV y listo. El canal fue tan importante como ahora puede llegar a ser Youtube. Si un artista no aparecía allí, no existía.

Así pasábamos las horas muchos jóvenes de mi época. Reunidos frente al televisor viendo vídeos de artistas que ni siquiera nos interesaban. En varios casos, nos desilusionábamos al ver la triste producción de alguna de nuestras bandas favoritas. En otros, terminábamos cantando de memoria alguna canción que jamás nos hubiera gustado de no ser por su excelente vídeo.

Y así también fue como apareció ella. Sin que nadie la hubiera esperado. Sin que tuviéramos la oportunidad de prepararnos para lo que estábamos por ver. Sin siquiera tener alguna idea sobre como reaccionar al verla por primera vez en nuestra pantalla y sin capacidad de reacción para cambiar de canal antes de caer presas de su embrujo.

Recuerdo que todo comenzaba de manera normal. Una chica rubia, joven, bonita y aparentemente aburrida que aguardaba el final de su jornada escolar. En ese plano no existía nada que nos hiciera intuir lo que estaba por pasar, pero cuando el timbre suena, cuando los chicos salen del aula, cuando todos comienzan a bailar, ese fue el momento en que el mundo cambió para siempre.

El ritmo de la canción era super pegadizo. Bien al estilo de las canciones de Michael Jackson, bailable hasta para el más arrítmico de los seres humanos y cuando la coreografía comenzaba, era asesina, criminal, hipnótica y entre medio del grupo de bailarines, ella: Britney.

Britney

Recuerdo como si fuera hoy mi incomodidad frente a la pantalla. Aún puedo sentir el impulso de cambiar de canal para no dejarme atrapar por lo que estaba viendo. Sabía que si no cambiaba en ese momento, antes de que la coreografía avanzara y elevara aún más la apuesta, terminaría cantando esa canción hasta el final de los días. Por supuesto que no lo hice. No cambié de canal y durante mucho tiempo, el televisor de mi casa se mantuvo encendido solamente para esperar a que un nuevo vídeo de Britney Spears apareciera.

Entiendo que hoy suene exagerado pero les juro que no lo es. Antes de Britney solamente estuvo Madonna. Y, si, Madonna podía hacer lo que quisiera. Podía masturbarse con una foto del Papa, cantar una canción sobre tener sexo con un hombre que la hacía sentir nuevamente virgen o protagonizar un vídeo en el que se enamoraba de un cura negro. Madonna podía hacer todo, Britney no.

Britney era nueva. Nadie la conocía. Su rostro era angelical y durante mucho tiempo, para los jóvenes de esa época, fue la mujer más hermosa del mundo. Recuerdo estar en la casa de diferentes amigos, algunos escuchaban rock, otros cumbia, otros música electrónica pero todos amábamos a Britney.

Ella cantaba frente a la cámara sugiriendo sensualidad y sin necesidad de mostrarse desnuda, sus coreografías eran absolutamente sexuales. Britney sugería todo pero no nos daba nada y nosotros, los jóvenes del 2000, no podíamos resistirnos a ella aunque por mandato de rock, estuviéramos obligados a negarla.

Aquel primer vídeo era completamente naif. Luego de la escuela continuaba con un baile callejero en el que Britney lucía tanto sus dotes de bailarina como los otros. Cantaba mirando fijamente a nuestros ojos y desde un auto descapotable, aunque no entendiéramos inglés, podíamos comprender que andaba mal de amores. Luego, en la cancha de basquet de su escuela, veíamos a una Britney seria, triste quizás, mirando tímidamente al muchacho que, al parecer, amaba en secreto. “Pero, ¿qué tiene ese cristiano que no tenga yo?”, me preguntaba en silencio frente a la TV, mientras mis amigos, sentados a mi lado, intuyo que se preguntaban lo mismo.

Esa última coreografía era salvaje. Parecía que su cuerpo podía llegar a partirse en dos en cualquier momento. Acompañada por otros bailarines que a su lado pasaban casi desapercibidos, el vídeo alternaba planos de su rostro con algunos pasos de baile que, por seguridad, no deberíamos repetir en nuestros hogares. Britney seguía cantando y a cada minuto que pasaba se la notaba más comprometida con la estúpida letra de la canción hasta que descubríamos que (SPOILER) todo era fruto de su imaginación y ella, junto a sus compañeros, aún permanecían en el aula aguardando el final de la clase.

Recuerdo el cierre del vídeo, con el regalo de una tímida sonrisa de Britney que nos dejaba con ganas de más. Me acuerdo de respirar profundo, intentando normalizar mi respiración y de notar gestos incómodos entre mis amigos, quienes también querían disimular la tensión a la que los había expuesto el vídeo. Nadie dijo una palabra sobre lo que acababa de suceder y pasaron algunos meses hasta que pudimos hablar de nuestro amor hacia Britney.

Para ese momento ella era furor a nivel mundial. Tuvo muchos éxitos y otros vídeos, mucho mejores que este, en los que explotaba a fondo su sensualidad vistiéndose con ropa que dejaba apreciar su cuerpo entero. Incluso, en Toxic, quizás una de sus mejores canciones, muchos reventamos los cabezales de la vídeocassettera intentando descifrar si estaba desnuda o no. Pero solo en ese primer vídeo, en ese que nos hizo a conocer a Britney, se presentaba con una chica linda y tímida a quien le habían roto el corazón. En ese vídeo y en ningún otro, todos quisimos que Britney fuera nuestra novia.

A costa de su belleza y buenas canciones, Britney triunfó y su fama fue tan grande como estrepitosa su caída. No logró esquivar las drogas, perdió la tenencia de sus hijos y engordó. Sus fotos con varios kilos de más recorrieron el mundo entero, pero la realidad es que Britney nunca se puso fea. Varios años más grande y con algunos kilos de más, aún hoy intenta sin éxito, recuperar parte de la fama que alguna vez supo tener.

Britney Fat

Fue después de Britney que los productores y las chicas que quieren triunfar, entendieron que para hacerlo tenían que exhibirse con la menor cantidad de ropa posible y con coreografías sumamente sexuales aunque éstas no tuvieran sentido alguno. Miley Cyrus, Ariana Grande, incluso Katy Perry, son parte del legado que Britney dejó. Por supuesto que también Madonna tuvo que ver con esto, pero ya dijimos que Madonna estuvo y estará por siempre. En este caso, el quiebre fue de Britney Spears.

Es probable de que nunca logre volver a ser lo que alguna vez fue. El tiempo y la biología le juegan en contra, pero su legado se mantendrá vivo cada vez que una cantante suba parcialmente desnuda a un escenario. Eso es lo que Britney nos dejó, aunque ella jamás haya tenido necesidad de hacerlo.

 

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